Hace tan solo cinco meses que cientos de miles de mujeres acudieron a Washington para la "marcha del millón de madres" en la que denunciaron el uso indebido de las armas de fuego y prometieron que, el próximo 7 de noviembre, los republicanos pagarían en votos su oposición a las restricciones. Después de la tragedia que costó la vida y la salud a decenas de alumnos de la escuela Columbine, el partido demócrata se frotaba las manos ante una cuestión capaz de electrizar el voto femenino.
Según el congresista de la saga Kennedy, Patrick Kennedy, sería "una soga alrededor de los cuellos republicanos" en estas elecciones pero, con la reciente erosión del apoyo femenino por el candidato demócrata Al Gore, la cuestión de las armas de fuego se ha vuelto contra el vicepresidente como un boomerang: la Asociación Nacional del Rifle (NRA), vilipendiada por Gore y el vicepresidente Clinton como la protectora de asesinos, se ha convertido en un temible defensor de los republicanos en lugares clave para la victoria electoral.
La NRA es un antídoto doble, pues atrae a hombres en número suficiente para compensar el voto femenino anti-armas y pro Gore, además de neutralizar a los sindicatos en estados clave: en Michigan y Pennsylvania, los poderosos sindicatos del automóvil y de mineros, firmemente en campo demócrata, han de competir con la NRA para convencer a sus afiliados, hasta el punto de que más de la mitad de los asistentes a algunas concentraciones de la NRA eran miembros sindicales activos.
Desde la perspectiva europea es difícil comprender el apego de los norteamericanos a sus rifles y pistolas, pero aquí millones de personas creen que las medidas restrictivas no limitan a los delincuentes, que no las respetarán y, con más de 200 millones de armas repartidas entre la población, la mejor protección es estar bien pertrechado.
A Gore la ha costado tanto apoyo en Michigan, Pennsylvania, Nevada, West Virginia y Washington, que apenas habla ya de controlar el uso de armas, con el comprensible efecto negativo entre las mujeres a las que necesita tanto como a los sindicatos para ganar en noviembre.

Con las armas en la mano
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