Una de las cosas más sorprendentes de esta campaña electoral es cuán extraordinariamente igualados están unos contrincantes que tanto difieren en programas y visión de futuro. Es algo que, quizás, puede explicarse porque la prosperidad hace que la gente preste poco interés a la política, pero mucho más difíciles de entender son las fuertes oscilaciones de los sondeos, así como las grandes diferencias entre encuestas de varias empresas demoscópicas.
La clave podría estar en que las dos encuestas mas respetadas, de la empresa Gallup y de John Zogby, no tienen en cuenta la ideología de los interrogados o usan como método de cálculo los resultados de las elecciones anteriores, en que el panorama político no era como el de hoy.
Las estadísticas muestran que hay, aproximadamente, el mismo número de republicanos que demócratas en el electorado, con algo menos de un tercio de independientes o simpatizantes de partidos menores. Gallup, sin embargo, no tiene reparos en recoger respuestas de un número sustancialmente mayor de uno u otro partido, lo que distorsiona los resultados y provoca grandes oscilaciones cuando, en la siguiente muestra, domina un grupo distinto al anterior. Los resultados de estas últimas dos semanas hacen cuestionar su credibilidad, pues pasaba de 14 puntos en favor de Bush un día, a 1 en favor de Gore al otro.
Zogby tiene en cuenta la afiliación de sus encuestados, pero usa como fórmula para sus proyecciones los resultados electorales de 1996, en que Bill Clinton tenía un apoyo del que Gore hoy no dispone y los resultados favorecen desproporcionadamente a los demócratas.
Si nos regimos por Zogby o Gallup es imposible predecir quien ganará y habría que inclinarse por Gore, quien parece tener ventaja en el reparto de votos electorales por estados. Pero las predicciones que han empezado ya a aparecer en las televisiones daban este sábado una ventaja a Bush, quien ganaría el voto popular por aproximadamente el 5% y obtendría unos 300 votos electorales, 30 más de la mayoría absoluta.
Estas proyecciones vienen de personas de diferentes ideologías, con acceso directo a fuentes fiables de las campañas que, probablemente, tienen datos mucho más calibrados que los divulgados para consumo popular. Si sus previsiones se confirman, el electorado norteamericano, que ya poco cree en los medios informativos, perderá también su confianza en las encuestas. No sería mala cosa: los políticos se dedicarían a seguir lo que consideran conveniente y no lo que dictan los sondeos, mientras que la gente dejaría de pensar en el "voto útil" y daría el sufragio al que representa sus preferencias.

Encuestas y predicciones
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