La actualidad, como no podría ser menos, habla del recuento más o menos lógico de los votos de las últimas elecciones presidenciales de los EEUU. Lo que parece más sorprendente es que este espectáculo se convierta en un foro ideal para ilustrar, con tanta precisión, algunos ejemplos sobre la moderna “lógica borrosa” o “lógica difusa”. Es una traducción de lo que ellos denominan Fuzzy logic.
La lógica estudia y maneja la estructura de lo que el razonamiento nos advierte como ‘correcto’. Hay veces que el Derecho se sabe con el poder de aplicar lo ‘correcto’. Así marcha el recuento electoral, al menos así nos lo demuestran las imágenes que llegan del Estado de La Florida.
Como la lógica se restringe a estudiar las pruebas o demostraciones [o la inferencia deductiva], acaba por convertir las premisas en argumentos. Pero hay que tomar mucho cuidado. Las premisas podrán ser verdaderas o falsas pero los argumentos que luego constituyen nunca lo serán. Más bien, las conclusiones son correctas o incorrectas, válidas o inválidas. Para ilustrarse sobre todo esto resulta muy conveniente asomarse al libro “Introducción a la lógica borrosa” que dirige Enric Trillas. Al menos, si se desea profundizar con un poco más de rigor sobre estos asuntos.
Lo que es seguro es que durante el siglo XX se han desarrollado otro tipo de lógicas que admiten más de dos valores de verdad, aunque parezca una idea absurda. Hasta ahora, una papeleta asignaba el voto a uno (Bush) o a otro (Gore) o a ninguno de los dos. Naturalmente, era impensable obtener resultados con dos “síes” o grados de “sí” de ambos candidatos en una sola papeleta. Sin embargo, esto es lo que realmente ha sucedido. Que por otra parte, bien podría ser un reflejo fiel de la realidad de muchos ciudadanos.
Actualmente, muchas lógicas modernas son polivalentes y admiten dos o más valores de verdad de manera simultánea. En estos casos la verdad es cuestión de grado, se dice entonces que la verdad está borrosa, la palabra difusa parece casi más adecuada. En cualquier caso, se trata de mejorar la comprensión del ‘mundo’. Varios argumentos pueden coexistir con un grado de verdad diferente (por ejemplo, me gusta Gore al 35% y Bush al 38%). Lo que conduce a conocer la relación que existe entre ambos y no aumenta, aunque parezca lo contrario, la confusión entre ambos. Se trata de fomentar las relaciones lógicas y no su relativismo (o finalmente, su exclusión).
Lo que ocurre en Florida es muy sencillo. Se supone que unas papeletas electorales deben, en este caso, mostrar un de tipo verdad bivalente: o bien favorece exclusivamente a un candidato o lo hace al otro. En cualquier otro caso, no serán admitidas como válidas en el sistema democrático.
Sin embargo, al proceder al sistema “humano” de recuento de papeletas, los resultados o, mejor dicho, la lógica que se usa es diferente. Una lógica más cercana a lo cotidiano de nuestra conducta. Cuando alguien pide un café caliente, un taxi rápido para llegar al aeropuerto, un buen libro de aventuras o un sofá cómodo para su salón, los grados de verdad de cada parámetro son más bien difusos. Aunque, la verdad, más o menos nos entendemos. El ejemplo de hoy, son las hilarantes imágenes de cuatro o cinco personas examinando con excesivo cuidado el contenido de cada papeleta. En definitiva, es el fiel reflejo de que manejan con soltura [y sin mucho conocimiento] los fundamentos de la lógica borrosa.
Como no podría ser de otra manera, el escrutinio se realiza al evaluar cada papeleta. Pero ahora se produce un ‘problema’. Cada voto puede atribuir un resultado que beneficie a cada candidato en una proporción diferente. Por ejemplo, en una misma papeleta figura un resultado del estilo 30% Gore y 70% Bush. O bien 60% Bush, 20% Gore y otro 20% que invalida el resultado. Aparentemente, lo complicado es cómo traducir estos datos para proclamar un vencedor.
No habría que extrañarse tanto. En definitiva, es muy complejo mostrar actitudes completamente a favor o en contra de ideologías, y en especial cuando entra en juego la política. Se imaginan a un diputado (americano) votando por la nueva ley de costas. Probablemente, después de muchas consideraciones, el texto final le haga estar más bien de acuerdo o más bien no. Sin embargo, el sistema obliga a votar con un 100% de ‘intensidad’ a un ‘sí’ o a un ‘no’ de las propuestas. Hay muy pocas situaciones en las que uno pueda adoptar posturas tan radicales. Por cierto, que esto de ser radical no está muy bien visto en democracia.
Como siempre, acabamos aludiendo a una confusión británica que nos hacer sentirnos más tranquilos si vemos en la democracia lo mejor de lo peor que nos pudiera suceder. O cualquier traducción superficial a la vieja máxima de Churchill. Por el momento, nadie duda que lo mejor es elegir a uno o a otro candidato en las elecciones presidenciales. Pero vemos cómo la naturaleza humana nos lleva a demostrar que, finalmente, utilizamos la lógica con la que vivimos cotidianamente, que no es absoluta y tampoco relativista. Simplemente, relaciona las ideas, las situaciones y contempla una nueva postura más ecuánime. Casi se trata de actuar con madurez.
Los americanos, los del norte, los de los Estados Unidos, una vez más han demostrado ser la primera potencia mundial. En esta ocasión lo han hecho para asegurarnos que no se puede elegir entre opciones únicas, no existen. El ‘mundo’ está relacionado de manera muy real, de forma continua y dinámica. No es fácil saber cómo se producen las relaciones, suelen ser borrosas o difusas. Pero las el elecciones de 2000 en los EEUU han sido el mejor reflejo para demostrar la utilidad y la conveniencia de usar la “lógica borrosa”.

La borrosa lógica
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