Si, como se dice, que más vale tarde que nunca, ¿qué importan entonces unos meses para quienes llevan esperando 55 años? Importan y mucho. Cuando se trata de las víctimas del régimen nazi, de las que las más jóvenes superan los setenta años, recibir una compensación económica a las injusticias sufridas -aunque sea simbólica- puede significar morir en paz con un pasado trágico, cuyas consecuencias todavía perduran.
El pasado 12 de agosto, el Parlamento Federal alemán aprobó la creación de la Fundación “Memoria, Responsabilidad, Futuro”, cuya función será administrar la cantidad de 10.000 millones de marcos (unos 8 billones y medio de pesetas) que deberán aportar, a partes iguales, el Gobierno, es decir, el contribuyente, y la industria alemana para abonar las indemnizaciones a las víctimas del Tercer Reich. Además, la Iglesia Evangélica alemana también ha asegurado el pago de 10 millones de marcos (unos 850 millones de pesetas), mientras que la Católica ofrecerá su propio programa de indemnizaciones.
Está previsto que la Fundación abone hasta 15.000 marcos (1.276.000 pesetas aproximadamente) por víctima a 1.200.000 ex trabajadores forzosos, ex prisioneros de campos de concentración y ex deportados obligados durante el régimen nazi a trabajar en empresas públicas o privadas. Asimismo se incluirán las ex víctimas del racismo y la xenofobia, a quienes el régimen expropió sus bienes y de los que se beneficiaron empresarios alemanes. Y, por último, quedan reconocidos los denominados “casos duros” de aquellas personas, cuya salud haya sufrido las consecuencias del sometimiento a los experimentos científicos nazis.
A pesar de la buena voluntad de algunos, los pagos se retrasan. Faltan aún 1.700 millones de marcos por recaudar y es que algunas empresas privadas se muestran reacias a contribuir, bien porque se fundaron después de la Segunda Guerra Mundial, o bien porque, a pesar de existir durante la contienda, nunca emplearon a trabajadores forzosos. No obstante y teniendo en cuenta sus beneficios anuales, la clase política presiona apelando a su conciencia social.
Otro elemento ralentizador viene de Estados Unidos, donde existe una demanda colectiva de víctimas del régimen nacionalsocialista. Los grandes empresarios alemanes temen que, cuando se agoten los fondos de la fundación, las víctimas que salgan con las manos vacías de la primera ronda de indemnizaciones vuelvan a presentar demandas. Por ello, exigen como condición sine qua non garantías legales que les eximan de nuevos pagos.
A pesar de sus argumentos, los empresarios reticentes son objeto de una campaña de presión mediática que, sea ética o no, está dando resultado. Un periódico (TAZ) y un programa de televisión www.kontraste.de han publicado recientemente una “lista negra” de empresas alemanas con una facturación anual superior al billón de marcos, que no se solidarizan con la causa. Algunas han reaccionado rápido a la medida de vergüenza pública donando dinero, aunque posiblemente las indemnizaciones no se pagarán hasta el próximo año.
Esperemos que el mayor número posible de víctimas de la barbarie nazi viva el tiempo suficiente para poder contar que, aunque tarde, y con una cantidad que, evidentemente, no supera lo simbólico, al final se les hizo justicia.

Víctimas del régimen nazi
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