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Contra la censura en internet

Una jueza francesa quiere obligar a Yahoo.com a que ponga fuera del alcance de los franceses los contenidos que hagan alusiones laudatorias al régimen nazi, o que distribuyan propaganda o simbología alusiva al nazismo, por respeto a las víctimas de esta execrable ideología. Y añade que el hecho de que el servidor que da soporte a estos contenidos -yahoo.com- se halle fuera del territorio francés, no debería ser obstáculo para que esta compañía cumpla la ley... francesa.

Conviene dejar bien claro -por si acaso- que el que esto suscribe, como todo amante de la libertad, siente una repugnancia instintiva ante cualquier clase de totalitarismo, sea del signo que sea. Pero antes de lanzarnos a aplaudir semejantes iniciativas, haríamos bien en reflexionar un poco.

En primer lugar, Yahoo.com, como cualquier otro medio de comunicación, no tiene por qué hacerse responsable de las opiniones vertidas por quienes usan sus servicios. Pedirle que escrute con ánimo inquisidor si los contenidos que vierten a la red sus usuarios son conformes a un patrón u otro (por justicado que parezca) equivale a establecer un peligroso precedente de censura previa, la cual, como la historia demuestra, acaba volviéndose en contra de los que la promovieron. Es precisamente por esto por lo que el diario proetarra Gara y la innombrable revista que dirige el fétido "Pepe" Rei no pueden cerrarse. Las ideas -si es que las de los etarras pueden recibir ese noble calificativo genérico- no delinquen, sólo las personas. Porque si nos lanzamos por ese camino, ¿por qué no revisar también la correspondencia y el correo electrónico de todos los ciudadanos por si acaso encontramos propaganda nazi? Se dirá que el contenido de las páginas web es público, pero aquí sucede como con la televisión: a quien no le guste, puede cambiar de canal... o de sitio web.

En segundo lugar, mal que les pese a muchos antinazis retrospectivos necesitados de pedigrí progre para obtener el reconocimiento de las obtusas y tuertas inteligentsias que dominan el panorama intelectual francés y europeo, el nazismo hace ya mucho tiempo -gracias a Dios- que se superó y dejó de ser un problema. Hoy está relegado a mera válvula de escape de adolescentes ignorantes, contestatarios de lo "políticamente correcto", que suelen padecer algún que otro problema psicodinámico de origen hormonal, y de pobres diablos con escasísima cultura política. Basta una carga policial para dar cuenta de sus esporádicos excesos, y sobra cualquier publicidad de sus necias excentricidades.

Y en tercer lugar, como ya se ha cansado de denunciar J. F. Revel en Francia y en sus libros, resulta sospechosa la exquisita tolerancia o indiferencia que los promotores de estas iniciativas censoras demuestran para con el comunismo, que aún sojuzga a centenares de millones de personas, y que ha causado -y sigue causando- muchísimos más muertos y tragedias humanas de los que el nazismo causó en su efímera pero sangrienta historia. Pero no hay que olvidar que el comunismo estuvo en el bando vencedor en la II Guerra Mundial, por eso goza, aun después de caído el muro de Berlín físico -el mental, por desgracia todavía no ha caído en la mente de muchos periodistas e intelectuales-, el "título" de "totalitarismo más favorecido".

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