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Decíamos ayer

Como era previsible, el descenso de tipos de interés practicado por la Reserve Federal no ha servido para estimular la recuperación de Wall Street. Tras un primer repunte, el Dow Jones se ha estancado y el Nasdaq ha caído. El mercado considera que la capacidad de la política monetaria para sostener la actividad ha llegado a su límite y que el ajuste es inevitable. Los inversores no han sucumbido a la ilusión monetaria, lo que certifica el inexorable aterrizaje de la economía norteamericana. La varita mágica de Greenspan ha agotado sus efectos estimulantes y EE.UU. va a comenzar a purgar las consecuencias de una estrategia monetaria demasiado laxa. Ahora, la única duda es la intensidad del ajuste y, para ser sinceros, resulta muy aventurado realizar pronóstico alguno.

La situación es distinta en Europa. El descenso de los tipos de interés norteamericanos y la apreciación del euro alejan la posibilidad de un endurecimiento de la política monetaria del Banco Central Europeo. Así lo ha confirmado el BCE al dejar inalterados sus tipos de intervención. Esta iniciativa fortalece las expectativas de crecimiento en la Eurozona y, en consecuencia, se ha traducido en una fuerte alza de las bolsas continentales. Esta evolución de los mercados de capitales en el Viejo Continente confirma la hipótesis avanzada en mi columna “Quo Vadis Bolsa”. Salvo sorpresas, la carrera de las bolsas europeas seguirá una tendencia alcista durante los próximos meses.

Como también era previsible, el descenso de los tipos norteamericanos, el mantenimiento de los tipos europeos y la consolidación de unas perspectivas de crecimiento no inflacionario en España han permitido un intenso repunte del IBEX español que continuará a lo largo del año 2001. El alza bursátil permitirá reconstruir parte de la riqueza financiera de las familias que se había reducido durante 2000 y, por tanto, contribuirá a sostener el consumo privado. En este sentido, el ciclo de expansión en el que parece introducirse la Eurozona, el abaratamiento del precio del crudo y la apreciación del dólar constituyen factores básicos para prolongar la fase expansiva protagonizada por la economía española.

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