Franz Fischler vino a Marruecos a por todas y, una vez más, se vuelve a Bruselas con las manos vacías. El comisario europeo de Pesca parecía haber escarmentado tras el rifirrafe, de primeros de enero, cuando Rabat dio marcha a atrás a última hora. Todos decían que Fischler no volvería a tropezar con la misma piedra y que los marroquíes no podrían volver a engatusarle. Se aseguraba que de esta visita iba a salir algo en claro. Para bien o para mal. Sin embargo, el escenario se ha repetido. Fischler regresa a Bruselas con muy poco que ofrecer y lo único que deja tras sí es una espesa incertidumbre.
Marruecos ha vuelto a marear la perdiz durante dos jornadas de
negociaciones maratonianas. Al final, de nada han servido las cuatro reuniones con el ministro de pesca, Said Chbatu; el encuentro con el primer ministro, Abderrahmán Yussufi, y las dos reuniones con Taieb Fassi Fihri, el hombre de confianza de Mohamed VI que, desde su puesto de secretario de Estado de Exteriores, es quien realmente decide en este asunto.
El problema que impide que europeos y marroquíes firmen un acuerdo sigue siendo el mismo que antes de la visita de Fischler: el dinero. El elemento que bloquea el acuerdo es la cantidad de euros que Marruecos exige a la UE por dejar que los barcos europeos, especialmente españoles, faenen en sus aguas. Rabat pide 90 millones de euros a pagar religiosamente cada uno de los tres años que ha de durar un acuerdo en el que cada temporada pescarían menos barcos europeos y se descargarían más capturas en los puertos marroquíes.
Las dos jornadas de negociaciones no han conseguido que los marroquíes acepten los 70 millones que está dispuesta a ofrecerles la UE. Rabat aguanta firme en su posición reforzado por el hecho de saber que Francia, su padrino en Europa, va a seguir apoyándole e impidiendo que los Quince hagan presión con todos sus atributos. Así las cosas, a Fischler no le queda más remedio que irse de vuelta a Bruselas a preguntar a los socios ¿qué hacemos, les pagamos lo que piden o no?. La obstinación de Rabat en el tema económico se debe a que están obligados a obtener una excelente compensación económica. Se trata de que la UE pague a tocateja el precio político que el Gobierno marroquí va a tener que pagar por firmar un acuerdo que dijo que nunca firmaría.
Obtener muchos millones de euros sería la única manera de que Rabat pudiera hacer más presentable la firma del acuerdo ante los marroquíes. El pueblo interpretará como una humillación que su Gobierno firme ahora un acuerdo cuando se ha pasado los últimos años escuchando a ese mismo Gobierno jurando y perjurando que no iba a renovarlo y calificando a los pescadores españoles de piratas y saqueadores.
Ante la cerrazón marroquí, ¿por qué no romper? Pues porque todos saldrían perdiendo. No sólo los pescadores se quedarían sin caladeros. España se vería obligada a enfriar sus relaciones diplomáticas, al menos durante un tiempo. Y ese parón podría ser terrible para nuestros intereses.
El Gobierno español, con una estrategia alumbrada por Felipe González, lleva más de una década embarcado en una penetración industrial, comercial y económica en Marruecos que está dando sus frutos. España se ha convertido en uno de los principales inversores en Marruecos y se ha hecho puntera en jugosos sectores que antes eran patrimonio exclusivo de las empresas francesas. Prueba de ello son negocios como la segunda red de telefonía móvil obtenida por un consorcio en el que participa Telefónica. Pero esa relación es como ir en bicicleta. Si se para, nos caemos. Un enfriamiento de relaciones podría ser fatal y el único beneficiado sería, cómo no, Francia, que volvería recuperar el terreno perdido ante España.
No obstante, los pescadores españoles deberían pagarle una buena mariscada a Fischler. El comisario europeo se está dejando la piel en la negociación. Los marroquíes no han conseguido ni engañarle ni tomarle el pelo. Lo que pasa es que al comisario no le queda más remedio que tener paciencia. Fischler es, según un periodista destacados en el lugar, la persona que en los últimos dos años más ha defendido los intereses españoles en Marruecos, incluso mejor que muchos ministros del Gobierno español. Porque, ¿qué está haciendo el ejecutivo Aznar para intentar persuadir a Marruecos de que cambie de postura? ¿No es muy fácil eso de cargarle las negociaciones a Fischler? De acuerdo que es competencia de la UE, pero algo sí que podría hacerse. En teoría, ambos países tenemos unas relaciones privilegiadas. Si el diálogo fracasa no será, desde luego, culpa del comisario, sino más bien de un Gobierno al que no se ve aparecer por ninguna parte.

Con las manos vacías
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