Cuando Edgar Degas comenzó a perder la vista abandonó la pintura al óleo que ya le había hecho famoso y se dedicó a realizar grandes dibujos al pastel y esculturas en arcilla. En 1880 empezó a utilizar como modelo a una joven bailarina de la Escuela de Ballet de la Ópera de París, Marie van Goethen. Un año más tarde, exhibía la escultura totalmente vestida de La pequeña bailarina que causó sensación en la Exposición Impresionista por su extraordinario realismo.
Basándose en esta parte de la vida de Degas, la autora de este álbum ilustrado crea una emotiva historia sobre una pequeña bailarina de una familia muy humilde que se ve obligada a posar durante interminables horas para un pintor exigente y malhumorado. Es la única manera de que María pueda seguir asistiendo a las clases de ballet que su familia no puede pagar. El día del estreno ella no estará junto a sus compañeras, pero pasará a la posteridad a través de una famosa escultura.
A través de esta sencilla trama, el lector se acerca a la vida de este pintor impresionista, conoce su manera de trabajar y completa su biografía con un resumen de la misma que se incluye al final de la obra.
Si cualquier álbum ilustrado debería acercar al niño a las formas de expresión artísticas, este objetivo se cumple doblemente en los excelentes álbumes de la Editorial Serres. La primera relación de los lectores más jóvenes con el mundo del arte se impregna de los cálidos colores que recrean la obra del pintor protagonista y añade a esta visualización el tono cálido del afecto que crea vínculos perdurables con los libros.
Laurence Anholt, Degas y la Pequeña Bailarina, Serres, Barcelona, 2000.

El pintor de bailarinas
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