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Un avión espía bien vale un coronel... también espía

Ni adrede podía haber comenzado peor la nueva diplomacia americana hacia China. Porque una cosa es estar fisgando con aviones de alta tecnología en zonas más o menos grises y otra cosa es volar a trompicones por encima del territorio nacional chino y terminar destruyendo un caza que andaba por los alrededores para concluir el episodio repitiendo un capítulo de “Aterriza como puedas” en versión oriental.

Pero lo que más asombra de toda esta astracanada son las palabras de Bush horas después del encontronazo, asegurando que el aterrizaje forzoso del avión EO-3 Orion era “poco coherente con los usos diplomáticos habituales”. Pero, hombre de Dios, lo que es poco coherente con el sentido común es enviar un avión espía cargado hasta los topes de instrumentos sofisticados y una tripulación de súper expertos para después hacer el ridículo y darse de bruces con la vigilancia costera y aterrizar obedientemente donde los chinos le indican.

Asombrarse de que los indignados militares del imperio del medio hayan echado un vistazo a toda la panoplia y utillaje del avión atrapado, tras haber desalojado a la tripulación y haberles ofrecido un te verde con pastas, resulta también surrealista. ¿Qué tal si un avión espía chino hubiera sobrevolado las costas de California y, de paso, hubiese derribado a un F-18 que pasaba por allí? ¿Cómo reaccionaría el Pentágono?

Ahora se trata de “rescatar” a la tripulación apresada, y los chinos tienen un amplio margen de maniobra para el regateo que puede tardar varias semanas.

El presidente Bush tendrá que pagar prenda y no sería de extrañar que procediera a un canje con el coronel Xu Junping, un alto funcionario de los servicios de inteligencia china que llevaba varios meses largando en Langley (sede central de la CIA) y se creía a salvo. Infeliz.

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