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¡Anda! ¡la familia!

Ningún partido político en Alemania se ha interesado por las familias durante décadas. Tras el fallo del Tribunal Constitucional en favor de un descuento familiar en las cotizaciones al seguro de cuidados permanentes y su previsible extrapolación a otras ramas de la Seguridad Social (seguro de enfermedad o de pensiones), la cosa cambia radicalmente. El Constitucional consideró hace unas semanas que las familias tienen doble carga por cotizar igual que los que no tienen hijos y dedicarse al mismo tiempo a la crianza de los suyos. Así, los que no aportan refuerzos al sistema llevan ventaja con respecto a los que, para crear una familia, se ven obligados a recortar su consumo y ahorro. Súbitamente, las familias, ‘fabricantes’ de contribuyentes del futuro, acaparan la atención de los estrategas electorales de cara a las elecciones parlamentarias de 2002.

El debate ha puesto de manifiesto el problema que acecha a la sociedad alemana. La regresión demográfica amenaza con colapsar el sistema de la Seguridad Social, el mercado laboral y el inmobiliario. Un informe encargado por el Parlamento Federal señala que el envejecimiento de la población alemana no se puede frenar sólo liberalizando la política de inmigración, sino que es absolutamente necesario que el Gobierno fomente la natalidad porque, en caso contrario, las consecuencias para la estabilidad socioeconómica serán dramáticas.

Estadísticamente, las alemanas tienen 1,35 hijos de promedio. En los años ochenta, la población de ascendencia alemana se redujo en cuatro millones de personas. De seguir así, el año 2050 la población habrá disminuido un 28,5%, es decir, de los 82 millones actuales pasará a 59. Según el informe, para mantener un ritmo sostenible, el Gobierno deberá acoger entre 250 y 300.000 inmigrantes al año y aplicar paralelamente medidas de fomento de la natalidad.

En este sentido, el aumento del subsidio familiar ha sido la primera exigencia. En lugar de los 270 marcos actuales, ahora se piden 300 (casi 25.000 pesetas) por hijo. La duda es si, por 30 marcos más al mes, las parejas se animarán a procrear más, cuando el verdadero problema radica en la insuficiencia de jardines de infancia, parvularios y escuelas de jornada completa, lo que complica enormemente realizar la vocación familiar de los trabajadores. En Francia y los países escandinavos estos servicios los ofrece el estado gratuitamente. En Alemania, durante los tres años de baja por maternidad distribuibles en un periodo de ocho años, muchas mujeres tienen que prescindir de toda actividad laboral por incompatibilidad de horarios de su puesto de trabajo con jardines de infancia o escuelas. Si a eso se le añaden las dificultades de reintegración laboral posteriores a la baja por maternidad, es hasta comprensible que, para muchas, tener hijos haya dejado de ser interesante.

Los políticos tendrán que ingeniárselas para ganar el voto de las familias y, más en concreto, el de las mujeres. Así las cosas, ellas pueden inclinar la balanza electoral en los comicios generales de 2002.

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