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Visita conciliadora

¿Cómo interpretar el viaje a España de los ministros marroquíes de Exteriores, Mohamed Benaisa, y de Interior, Ahmed Midaui? Muy pocos van a creerse la versión oficial. Eso de que vienen para poner a punto la operación Paso del Estrecho, para que las decenas de miles de marroquíes atraviesen sin problemas España y el Estrecho de Gibraltar en el viaje que, como cada año, les lleva a su país de origen para pasar sus merecidas vacaciones. Para organizar ese operativo nunca ha hecho falta que vengan dos ministros. Y no va a ser ahora, cuando hace años que esa operación se desarrolla sin incidentes. Muy lejos quedan aquellos veranos en que centenares de coches y furgoneta de marroquíes se cocían en el puerto de Algeciras esperando durante días a poder atravesar a Marruecos. Por suerte, ese viaje ya no es un problema entre España y Marruecos. Toda una rareza, porque en todos los demás contenciosos la impericia de nuestros respectivos gobiernos nos condenan a vivir permanentemente instalados en el reproche.

En esta ocasión, la misión de los ministros marroquíes es muy distinta. Si van a Madrid es para intentar restañar las heridas causadas por el fracaso del acuerdo pesquero y que están arrastrando a ambos países a una profunda crisis bilateral. Marruecos parece interesado en evitarla. Hasta ahora, han apostado por la prudencia. Rabat ha reiterado una y otra vez que sigue dispuesto a continuar el diálogo y que ha sido la Unión Europea la que ha finiquitado la negociación. A las amenazas del presidente del Gobierno, José María Aznar, han respondido los marroquíes con un cauteloso "no hemos oído nada". El propio ministro de la Comunicación, y a la sazón portavoz del Gobierno, Mohamed Achaari, ha señalado que, hasta que esas amenazas de represalias no sean oficiales, Marruecos no va a responder.

Habrá que ver qué ofrecen los marroquíes en su visita a Madrid. En cualquier caso demuestran que son más inteligentes que un Gobierno español que ahora se lanza a las bravatas y amenazas cuando en 17 meses de negociación no se le ha visto el pelo. Quien piense que los ministros marroquíes vienen porque se han acobardado ante las amenazas de Aznar se equivocan. El Gobierno marroquí sabe que le conviene tener una buena relación con España y que los españoles tienen también esa necesidad. Rabat no teme las represalias españolas, pues siempre va a tener a Francia que le apoya incondicionalmente y que está deseosa de que España se enfade, se retire y vuelva a ser lo que durante épocas fue en Marruecos: un cero a la izquierda. El peligro radica en que, si se llevan a cabo estas amenazas de Aznar, se puede tirar por la borda el trabajo de conciliación y de penetración económica y cultural que muchos españoles han llevado a cabo durante los útlimos años. Aunque siga habiendo conflictos, España ha conseguido en los últimos años una presencia en Marruecos que antes era inimaginable. Así que lo más sensato sería escuchar qué proponen los marroquíes, ir a comer al Palacio de Viana todos juntitos, y sentarse todos a fumar... la pipa de la paz.

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