Casi lleno en La Monumental de Las Ventas el lunes 21. Se lidiaron 6 novillos de Baltasar Ibán, desiguales de presentación. Nobles y bravos el primero, el quinto y, sobre todo, el segundo. Violentos y con genio cuarto y sexto.
Reyes Mendoza, de rosa palo y oro. Seis pinchazos y estocada (saludos desde el tercio). En el cuarto, pinchazo y estocada (saludos desde el tercio).
Julio Pedro Saavedra, de burdeos y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). En el quinto, dos pinchazos y estocada baja (silencio).
Sergio Aguilar, de verde y plata: Estocada (silencio). En el sexto, un pinchazo, media estocada y estocada (palmas de despedida).
Aunque esta vez no hubo triunfo, no tienen desperdicio estas tardes de novillada en Madrid. Da gusto ver con qué ganas llegan los noveles toreros al ruedo más importante del mundo. A la mínima ocasión que se presenta, saltan como un resorte en busca del triunfo… Además, como comentamos tras la otra novillada, estas tardes el ganado siempre ayuda.
Como ayudó el primero de la tarde. El de Baltasar Ibán, además de bravo, fue noble por ambos pitones. Reyes Mendoza lo vio claro desde el principio e impresionó por su quietud –cualidad que derrochó toda la tarde– en un quite por gaoneras. Después de un buen comienzo por estatuarios, en los que no se enmendó ni un ápice, el de Córdoba consiguió pases con temple y largura por ambos pitones. Más quieto que una vela, aunque el viento a veces le descubrió. Lástima que con la espada no esté al mismo nivel y perdiera la oreja que tenía ganada. El cuarto, muy violento y con genio, no daba para torearle con la franela. Ante esta condición, el de Córdoba recurrió al arrimón. Tan valiente quiso estar que se puso temerario, y eso en Madrid no gusta. Mejor con el estoque en esta ocasión, al final el público aplaudió sus ganas de ser torero.
Bravo de verdad fue el segundo. Derribó en el caballo y embistió con codicia a los engaños. Algo rebrincado en la muleta, dio la impresión de que se fue con las dos orejas al desolladero. Y es que, aunque se fajó por ambos pitones, la labor que desarrolló Julio Pedro Saavedra no caló en los exigentes tendidos venteños. El quinto, más cuajado que sus hermanos, se desplazaba y humillaba con buen tranco. Tras doblarse bien con el toro en el principio de la faena, Saavedra no se acopló a las condiciones del burel. Sólo una tanda de naturales tuvo algo de eco en los tendidos. Fallón con la espada, debe apretar si algún día quiere triunfar en esta plaza.
Sergio Aguilar levantó expectación en un original quite citando de espaldas al segundo de la tarde. Luego, en su toro, aquello se fue diluyendo. Si bien el de Baltasar Ibán no tuvo las mismas bondades que sus hermanos –cabeceaba y cortaba las embestidas–, al espada se le notó algo embarullado y sin tener claro lo que quería hacerle al toro. Porfió por ambas manos sin alcanzar el lucimiento. Con la espada arregló la cosa y mató de buena estocada arriba. En el que cerró plaza, Sergio Aguilar, sólo pudo brillar con las banderillas. El cornúpeta manso y deslucido, no transmitía nada a los tendidos. El chico quiso justificarse y le presentó la muleta por ambos pitones. El respetable premió su disposición con palmas de despedida.

Interesante novillada en Las Ventas
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