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Sólo Abellán se salvó de los bostezos

Lleno hasta la bandera en la Monumental de Las Ventas este jueves 25. Se lidiaron cinco toros de El torero, otro en quinto lugar de Nazario Ibáñez y uno más (primero bis) de Juan José González, todos bien presentados. Algunos por sosos y otros por peligrosos, ninguno dio juego en la muleta.

Jesulín de Ubrique, de lila y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y estocada (silencio).
Rivera Ordóñez, de verde botella y oro. Dos pinchazos y estocada desprendida (silencio). En el quinto, pinchazo y estocada (silencio).
Miguel Abellán, de negro y oro. Estocada que hace guardia y estocada (vuleta al ruedo). En el sexto, media estocada (ovación de despedida).

Nada más que regular fue el comienzo de la tarde. El primero de El Torero apuntó magníficas condiciones de salida, pero no se tenía en pie. Pañuelo verde. El primero bis, de Juan José González, tampoco anduvo sobrado de fuerzas. Entre caída y caída del toro, Jesulín intentó estirarse con la diestra, pero el público estaba a lo suyo, y esta vez no se le puede reprochar. Lo mejor, la estocada con que el de Ubrique despachó al burel. El cuarto llegó muy incómodo a la muleta, gazapón y pegando tornillazos. El otrora torero circense intentó, en los primeros compases de la faena, llevarle largo y templar las embestidas, pero el lucimiento no era posible. Al ver que su esfuerzo no era apreciado por el público –empezó a silbar el gracioso del “¡Pum!, petardo”– Jesulín se fue a por la espada y a la tercera cobró una estocada arriba. Pitos para el toro y silencio para el torero.

El segundo derribó, aunque no sabemos de dónde sacó la fuerzas, ya que desde el principio anduvo doblando las manos. Luego, en la muleta, se vino de lejos y con cierta nobleza, pero sin humillar y sin emoción para los tendidos. Rivera Ordóñez estuvo aseado con el burel. Presentó bien la muleta y consiguió alguna serie limpia por la derecha, que, la verdad, no logró despertar a nadie del letargo. Remendaba la corrida el quinto, de Nazario Ibáñez. Salió a su aire y sin fijeza en los engaños. Después desarrolló peligro y sólo dio para que el torero demostrara ganas al mostrarle la franela por ambos pitones. No fue su tarde a espadas y pinchó a sus dos enemigos antes de recetar dos estocadas defectuosas.

Muy bien entendió Miguel Abellán las condiciones del tercero. A base de aguantar y llevar largo al burel al principio de la faena, el animal acabó embistiendo. Sacó cuatro series por la derecha que pudieron valerle una oreja de no haber sido porque enhebró al toro con una estocada que hizo guardia. Quedó la cosa en una merecida vuelta al ruedo para el madrileño. En el sexto, Abellán tuvo una actuación muy meritoria. El de El Torero era tardo y muy violento en la muleta. Después de comenzar la faena por bajo, se fue con el burel a los medios, donde consiguió alguna serie por la derecha que caló en los tendidos. Lástima que perdiera el engaño en dos derrotes del morlaco. Cerró la faena con unos pases circulares que volvieron a calentar la plaza. Esta vez cobró media estocada a la primera de efecto fulminante y recibió la fuerte ovación del público.

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