Otra vez se llenó la Monumental de Las Ventas en este martes 29. Se lidiaron 6 toros de Alcurrucén, bien presentados. Nobles en general, algunos blandearon en exceso. Destacaron primero y segundo. Descompuesto el sexto.
José Luis Moreno, de purísima y oro. Estocada y descabello (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada (silencio).
Uceda Leal, de purísima y oro. Estocada (ovación y vuelta al ruedo). En el quinto, dos pinchazos, estocada tendida y un descabello (saludos desde el tercio).
Jesús Millán, de lila y oro. Un pinchazo, media estocada y un descabello (palmas). En el sexto estocada casi entera (palmas de despedida).
Hasta tres veces fue al caballo el primero de Alcurrucén, un bonito ejemplar tostado de capa y con la cara blanca, que apuntó nobleza. Tal vez tanta entrada al picador fue lo que propició que se quedara muy parado en la muleta y no desarrollara las buenas condiciones que había mostrado. José Luis Moreno, que baja mucho la mano a los toros, intentó el acoplamiento por ambos pitones, aunque sólo consiguió llegar a los tendidos en una tanda al natural. La estampa que tenía el cuarto era de quitar el hipo, qué pena que fuera tan blando de remos. Moreno anduvo por la cara del morlaco intentado que no se cayera pero le pasó como a Tom Cruise, aquello era misión imposible.
El segundo de la tarde tenía calidad por el derecho y Uceda Leal la supo aprovechar. Por este lado, el torero madrileño toreó muy templado al Alcurrucén, con la muleta barriendo el albero, largo y hondo. Perdió intensidad una serie al natural pero, de vuelta por el pitón bueno, los tendidos se entregaron. Conocedor de que tenía una oreja a su alcance, Uceda entró muy derecho a matar y cobró un estoconazo. Lástima que el premio quedó en vuelta al ruedo después de que el puntillero levantara al toro y enfriara los tendidos. En el quinto, el madrileño mantuvo el buen nivel mostrado con su anterior ejemplar. El toro repitió con codicia al principio de la faena pero se acabó pronto. Uceda le llevó templado por ambos pitones, esta vez con mucha clase por la izquierda. Recogió la ovación del respetable en el tercio después de fallar a espadas.
Protestaron mucho los tendidos al tercero de la tarde. El toro tenía cuajo suficiente, incluso para la primera plaza del mundo, pero a algunos les parecía chico. Jesús Millán consiguió abstraerse de las voces de los tendidos e instrumentó dos series de derechazos con buen trazo. Luego se paró el cornúpeta y Millán demostró sus ganas pasando a una faena de cercanías para mantener la emoción. El público premió al zaragozano con palmas a pesar de no haber estado afortunado con el estoque. El que cerraba plaza no dio opciones de triunfo. El Alcurrucén quedó gazapón, con la cabeza por las nubes y mirando al matador. Consciente de que era su única oportunidad en este San Isidro, el joven diestro intentó el lucimiento por todos los medios. Estuvo hábil con la espada y cazó al marrajo con una estocada delantera.

Sólo destellos de torería
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