Las acusaciones de la ministra de Educación, Pilar del Castillo, no han sentado nada bien en medios universitarios, ni por la forma ni por el fondo. La primera contestación oficial que tienen de Pilar del Castillo tras la reunión de la CRUE, la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas, ha sido pública y de rechazo. Ha hecho caso omiso a las propuestas de diálogo para la reforma de la enseñanza universitaria, a pesar de que los rectores le han mostrado su interés por llegar a un acuerdo.
El malestar entre las juntas directivas de las universidades es patente, independientemente del signo político. Los esfuerzos de muchos de los 61 rectores que la semana pasada convencieron a los más “duros” de que había que buscar el consenso con el Ministerio, evitando la confrontación, no han obtenido sino la falta de interés por parte de la Ministra. Esta carencia se suma a la crítica que de la reforma en sí se hace. No gusta a la mayoría porque la consideran intervencionista por parte del poder político.
De los tres puntos para el análisis, la elección del consejo rector de las universidades, en el que se quiere dar relevancia a las comunidades autónomas, es uno de los más contestados. Creen que es una injerencia política, un intento más de controlar políticamente el ámbito académico. Se trata, dicen algunos, del Modelo Zaplana. Pero hay más, la elección del rector por votación universal, con la participación de los estudiantes, puede dar lugar también a que sea una elección política. A nadie se le escapa que la articulación estudiantil más común y fácil es por simpatía ideológica y política.
De momento, nada dicen de la financiación y del profesorado, asuntos de batalla, sin duda, pero para más adelante. No es cosa de sacar tan pronto las cuestiones económicas a primera línea.
El malestar es patente y la ministra Del Castillo ha propiciado el contagio del virus para una rebelión en las aulas, con una reforma que parece, más bien, producto de la precipitación, de la necesidad de mostrar iniciativas y de ofrecer rápidos resultados a la sociedad. En este contexto se enclava, por ejemplo, la reforma de la selectividad. Una operación de maquillaje bajo la máscara de “vamos a quitar la selectividad” que, según los rectores, presenta más inconvenientes que ventajas, incluida la partida económica.

Rectores en pie de guerra
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