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Sólo la torería de Zotoluco

Casi lleno en la Monumental de Las Ventas el jueves 7 de junio. Se lidiaron 6 toros de Celestino Cuadri, bien presentados, blandos y manejables, aunque alguno desarrolló peligro. Destacó el noble primero.

E. López “Zotoluco”, de celeste y oro. Pinchazo y estocada (saludos desde el tercio). En el cuarto, cinco pinchazos y estocada (silencio).
Manolo Sánchez, de azul marino y oro. Estocada y descabello (silencio). En el quinto, estocada y descabello (saludos desde el tercio).
R. Gracia “El Tato”, de negro y oro. Dos pinchazos y estocada caída (silencio). En el sexto, estocada y cuatro descabellos (silencio).

Olé Olé era el nombre del primer animal que saltó al ruedo de Las Ventas y el de Cuadri hizo honor a su nombre. El toro tuvo nobleza por ambos pitones y, gracias a que tuvo casta, se aguantó en pie pese a sus pocas fuerzas. Zotoluco desarrolló una labor impecable con el animal, no entendemos la causa por la que el público estuvo tan frío. Arrancó faena con mucha plasticidad en unos muletazos por bajo llenos de torería. Luego, con la diestra, bajó mucho la mano, llevando largo de verdad al burel. Al natural, trazó dos series extraordinarias, templadas y hondas, muy vistoso el cambio de mano de inicio de la segunda. Perdió la cosa nivel de vuelta a la diestra y cuando el azteca cogió la espada ya estaba la plaza absolutamente apática. Mató al segundo intento y saludó desde el tercio pese a algunas incomprensibles protestas. En el cuarto, Zotoluco, derrochó técnica con el noblón y blando burel. Consiguió muletazos con empaque y largura por ambos pitones, con el mérito, además, de saber cuidar del animal para que no doblara las manos. Sólo cabe reprocharle al azteca el mal manejo que hizo de los aceros en sus dos ejemplares.

Nada de lo que hizo Manolo Sánchez en el segundo tuvo el beneplácito del respetable. Protestó el público hasta cuando el vallisoletano les brindó la muerte del cuadri. El toro, que no tenía mala condición, tuvo el problema de la falta de fuerzas, lo que provocó que, desde el principio, la gente estuviera en contra de todo lo que ocurría en el ruedo. Porfió conformista Manolo Sánchez con la muleta y al ver que no había acoplamiento posible se fue a por la espada, al menos, estuvo certero. Lo que ocurrió en el quinto fue un calco del anterior. No dieron con el toro en el corral las protestas del respetable por la flojedad del animal y ya nadie quiso apreciar la buena labor del torero. Con la muleta Manolo Sánchez tiró con mucha suavidad del noble burel y acompañó con plasticidad las embestidas, no hubo ni un solo tirón que diera en el suelo con el bovino. Mató, otra vez bien y recibió en el tercio una justa ovación.

Muchas complicaciones sacó el tercero de la tarde, con la cara por las nubes y quedándose muy corto. El Tato estuvo voluntarioso e intentó bajarle la mano para acondicionar su embestida, pero nada cambió del comportamiento del morlaco. Tan evidente era que de ahí no iba a salir nada positivo, que podría El Tato haberse ido antes a por la espada, tal vez hubiera pinchado igual, pero se hubiera ahorrado el aviso. Para desgracia de El Tato, el sexto también fue absolutamente imposible para el lucimiento. Otra vez porfió voluntarioso el torero mientras la gente estaba a lo suyo. Nadie se dio cuenta del mérito de lo que hacía el diestro hasta que no resultó El Tato prendido –afortunadamente sin consecuencias– al iniciar una serie por la izquierda. Hubo de utilizar el descabello después de una buena estocada y aún hubo quien, con poco criterio, pitó al zaragozano a la salida.

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