Las cosas están cambiando estos últimos días. La evolución del caso Piqué está poniendo en evidencia uno de los flancos más débiles del Gobierno. Desde las filas populares se empieza a escuchar respecto a los compañeros del Ejecutivo: ¡están parados!
Hasta ahora, desde los despachos de los diputados en el Congreso, se escuchaban quejas por este ministro o por aquellas declaraciones. Ahora, comienzan a mirar a Aznar. La reacción nerviosa y fuera de lugar del presidente, el pasado martes en una rueda de prensa, ha desconcertado en los cuarteles del PP. No es normal ver a Aznar de esa forma, y eso ha transmitido inquietud.
Todos tienen asimilado que el presidente del Gobierno guarda los sentimientos detrás de un rostro de acero. Eso es habitual en lo bueno y en lo malo. Pero, el cambio del martes ha desatado algunas preocupaciones.
Es un comentario que comienza a ser generalizado: ¡tantos años en la oposición, para ahora arrojarlo todo por la borda! En el PP no quieren entrar a juzgar el fondo del caso Piqué, pero sí piden al Gobierno más desparpajo, más tablas y, sobre todo, más seguridad. En los pasillos del Congreso alguno sugería: “parece que nos han pillado en algo, cuando simplemente no hemos sabido dar una respuesta”.
Es la primera vez en muchos años que se percibe inquietud y descontrol de puertas adentro. Comienza a no dar miedo criticar la acción del Gobierno en público. A Aznar todavía se le pone a salvo, pero se le pide que reaccione. Aunque Josep Piqué haya sido una apuesta personal suya, se pide a Aznar una mayor energía a la hora de solucionar una crisis que existe, aunque algunos intenten pinchar el globo. Todo está demasiado enredado.

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