Parece que coge fuerza la idea de crear el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Del hecho hemos de congratularnos todos. Nunca es tarde si la dicha es buena (aunque si esta protección hubiera llegado antes quizá no se hubieran deteriorado irreversiblemente, en especial por la desmedida presión inmobiliaria, muchos rincones incomparables).Y está por ver que las agresiones cesen, viviéndose ahora una oleada de planes –urbanísticos y de infraestructuras diversas– que amenazan con dañar aún más estas montañas y su entorno. Pero la medida, si no se frustra, podrá ayudar a salvar lo que entonces reste con valor natural en la sierra.
Estas "azules montañas", como Machado las llamó, son probablemente las montañas que más presencia literaria han tenido de todas las del país. Lo que para los antiguos griegos fue la Arcadia, ha sido –salvando las distancias– Guadarrama para nuestros poetas. Fue esta sierra, frontera de las dos castillas, "do gustó las aguas del Libro de Buen Amor", Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Góngora les dedicó un soneto. "Sierra de Guadarrama, Dios te bendiga, por el bien que, sin tregua, tu amor prodiga", escribiera Fernandez Shaw.
Poca gente repara en que aquella frase de Ortega de "yo soy yo y mi circunstancia", no se refería a una "circunstancia" cualquiera. La frase entera es: "mi salida natural hacia el Universo se abre por los Puertos de Guadarrama y el Campo de Ontígola, este sector de realidad circunstante forma la otra mitad de mi persona. Sólo a través de ella puedo integrarme y ser plenamente yo mismo. Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo". Es decir, si no salvamos la Naturaleza que nos rodea y que forma una parte esencial de nuestro propio interior cultural y espiritual, esa naturaleza que ha contribuido a lo largo de milenios a conformar nuestro carácter, esa Naturaleza que nos da todo, el agua que bebemos, el aire que respiramos, los alimentos que comemos, la belleza que nos inspira y nos eleva, perderemos parte de nuestra propia esencia.
Paradójicamente, el mundo exterior es o puede ser, según este enfoque, parte de lo más profundo de nuestro mundo interior (por eso hemos de preservar esos espejos, esa otra mitad de nosotros mismos). Sobre la altiva Peñalara –la cumbre más alta del Guadarrama– Fernández de Moratín compondría hermosos versos sobre las ninfas que se bañaban a su vera, en su glaciar laguna.
Los canchos graníticos de La Pedriza, –donde el agua y el hielo han esculpido las formas más fantásticas– guardan aún los secretos de las leyendas y las historias de bandoleros. Entre aquellas piedras, bautizadas por nuestra imaginación con nombres sugerentes (las damas, el elefante, el pájaro, las tres gracias, el Dante, la momia, el yelmo...), vaga el espíritu de una mora que aguarda el amor imposible de un cristiano. Bajo una de ellas, el canto del Tolmo, estuvieron secuestrados en 1839 los dos hijos del Marqués de Gaviria, presos de los bandidos comandados por Paco "El Sastre".
No lejos de allí anduvo el Marqués de Santillana siglos antes. La Maliciosa, la Mujer Muerta, el Montón de Trigo, Siete Picos son cumbres que han elevado siempre el nivel de los sueños de los hombres que las miraban. La pureza virginal de sus blancas cumbres, manto de la Virgen de las Nieves, patrona de las cimas, alza y limpia nuestras almas con sólo contemplarlas.
Bajo una de estas montañas, el monte Abantos, quiso Felipe II levantar ese monasterio desde donde se rigió un imperio en el que no se ponía el sol. Tumba de nuestros reyes. Murmuran canciones sus ríos cristalinos.
El Manzanares aquí es niño inocente y saltarín, ignorante de lo que le aguarda aguas abajo, cuando pase por la capital del reino. El Lozoya, el Eresma, cuentan historias con el rumor de su corriente. El Guadarrama, tristemente, se ve enturbiado enseguida. ¿Y sus pinares (de Valsaín, de Pinares Llanos...)? ¿Y sus robledos (como los de Miraflores o la Herrería)? ¿Y sus amplias fresnedas? ¿Y sus encinares? ¿Y sus águilas reales e imperiales? ¿Y sus corzos y jabalíes? Cuánta maravilla, cuánta vida, cuánta belleza. Sierra de Guadarrama, Dios te bendiga y a ver si de una vez por todas –y aunque sea ya tarde para muchos de tus rincones– te protegemos. Hagamos votos para que así sea.

Guadarrama, parque nacional
En Sociedad
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida