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El problema insalvable de la enseñanza

Para enfocar la cuestión de la falta de calidad en la enseñanza con cierta objetividad y sentido común es necesario saber cuáles son los problemas fundamentales que aquejan a nuestro sistema y cuáles podrían ser las soluciones, si es que existen, para resolverlos.

Una de las principales causas de muchos conflictos es la falta de disciplina. Esa indisciplina en las aulas y en los centros escolares no es, en absoluto, una situación nueva. Para quien contempla la situación desde fuera, puede resultar incomprensible que algo tan sencillo como hacer cumplir a unos escolares ciertas reglas de comportamiento se haya convertido en un grave problema educativo que sirve de tema a miles de artículos, conferencias y libros de pedagogía. Pero es que un ingenuo espectador no sabe que, desde hace ya casi treinta años, la enseñanza pública española está en manos de un profesorado que, en su mayoría, se formó en los últimos años del franquismo y bebió de las doctrinas educativas de aquel ya lejano mayo de 1968. Unos profesores que partieron del antiautoritarismo y el respeto a la individualidad del alumno y acabaron por caer en la irresponsabilidad, en la dejadez y en una permisividad absoluta.

Otro tema que sale a relucir constantemente cuando se habla de la enseñanza es el llamado fracaso escolar. Y es que la LOGSE, pensada para que todos los ciudadanos recibieran la misma enseñanza y la misma titulación hasta los 16 años, está dejando un 25 ó 30 por ciento de escolares que, tras diez o doce años de enseñanza, se tienen que ir a su casa sin más título que el de estudios primarios y sin haber aprendido ningún oficio que les capacite para encontrar un buen puesto de trabajo. Este problema tampoco parecería demasiado difícil de resolver. Bastaría con estudiar la forma de adelantar una preparación profesional para quienes deseen terminar cuanto antes unos estudios que no quieren proseguir por mucho que los pedagogos y psicólogos se empeñen.

En cuanto a la adaptación de los inmigrantes a nuestro sistema escolar tampoco debería ofrecer dificultades insalvables, siempre que se buscaran soluciones prácticas, bienintencionadas e inspiradas por el sentido común.

Ideas no faltan para intentar resolver todos estos problemas. Lo que ocurre, lo que entorpece la puesta en práctica de cualquier solución, es la actitud doctrinaria y militante de una parte numerosa del mundo de la educación. Y es que el mayor problema que tiene el sistema educativo español es que está totalmente dominado por ese progresismo doctrinario, rancio y trasnochado que tras un discurso bondadoso esconde intenciones casi siempre mezquinas y poco nobles.

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