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En ciernes un nuevo conflicto

La decisión de la Unión Europea de enviar de tres a cuatro mil soldados a Afganistán para asegurar su estabilidad política programa ya el próximo conflicto occidental en Asia, porque es muy probable que se interprete como una provocación al nacionalismo y al orgullo musulmán y asiático. La región tolera la actual guerra a regañadientes, ante la devastadora fuerza de las armas norteamericanas y porque está también al servicio de los afganos antitalibanes, además de ser una guerra relámpago.

Una mínima presencia extranjera se puede soportar durante unos meses, pero la presencia continuada de soldados occidentales irritará a todos y exacerbará aun más el antioccidentalismo del Tercer Mundo, que no verá en los centenares de soldados turcos más que un grupo afiliado a la alianza militar de la OTAN y de Occidente, especialmente porque llegarán después de la misión iniciada por los británicos, con su precedente colonial en Afganistán.

Lo más lamentable no es que sentará las bases del próximo conflicto, sino que, no se le ha encontrado alternativa. En cuanto acaben la guerra y la presencia militar norteamericana se acabe, la incapacidad afgana de establecer compromisos políticos estables y el empeño pakistaní de seguir influyendo en la política de Kabul provocaran otra vez el caos de siempre... u otra sublevación contra el invasor extranjero, en este caso, los quince países de la Unión Europea.

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