Si Yaser Arafat cree que las imágenes de Ramala y Jenin pondrán a la opinión pública mundial de su lado, está a punto de llevarse una gran decepción. Por mucho clamor que haya en Europa y el mundo islámico a favor de los palestinos, la posición norteamericana le es cada vez más hostil.
Los diarios norteamericanos no se han hecho todavía eco de las declaraciones de los principales líderes republicanos en la Cámara de Representantes, pero lo cierto es que a la vista de la intratable situación en Oriente Próximo, están abandonando ya su apoyo por un estado palestino fronterizo con Israel y recomiendan que Israel se extienda por toda Cisjordania.
Según explica el líder de la mayoría republicana Dick Armey, esto no significa que se opongan a un estado palestino. Al contrario, le parecería muy bien que los países árabes cedan una parte de sus miles de kilómetros deshabitados para un estado palestino, lejos de Israel. Además, explicó que la población israelí llegó de todo el mundo para formar el nuevo estado hace cincuenta años, con lo que los palestinos pueden hacer lo mismo en el futuro.
Las declaraciones de Armey, semejantes a las del otro líder republicano Tom Delay, tienen para Arafat el agravante de que representan la opinión que cuenta, por varias razones. Primero, porque los representantes republicanos están muy cerca de la gente que los vota y reflejan el sentir popular. Y segundo, porque la antipatía de Bush y muchos de sus colaboradores por Arafat se verá respaldada por elementos decisivos de su propio partido.
De poco les servirá a los palestinos la simpatía europea que, sin capacidad ni voluntad militar, no puede imponerse diplomáticamente a la superpotencia americana.

Palestinos a otra parte
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