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Ferocidad y democracia

El historiador Gabriel Jackson ha declarado en La Razón cosas como éstas: “Se ha dado una versión un poco rosa de la Transición y he leído cosas como que el régimen de Franco era una preparación para la democracia que vendría. Esto es un chiste. La dictadura de Franco era, después de la de Stalin, la dictadura más feroz del siglo XX, mucho peor que la de Mussolini”. No está mal para un historiador. Cualquiera de las dictaduras comunistas (Jackson proviene de medios marxistas, y no parece haberlo superado), desde la de Lenin hasta la de Pol Pot, pasando por la china, la rumana, la coreana, la alemana o cualquiera otra, ha sido mucho más feroz que la de Franco, como tuvo ocasión de constatar Solyenitsin cuando viajó a España. También fue muchísimo más feroz la de Hitler, raro que se la haya escapado a Jackson, aunque he oído a Preston decir que Franco le ganó en brutalidad. Es cierto, en cambio, que Mussolini fue muy poco sanguinario, pero tampoco debe compararse su circunstancia con la del franquismo, nacido éste de una guerra en que sus enemigos –demócratas en opinión del veraz Jackson— se mostraron no menos, sino probablemente más feroces.

Así, cuando se producen las amnistías de 1976 y 1977, el número de presos políticos en España no pasa del medio millar, en su inmensa mayoría comunistas –¡grandes demócratas!— y personas vinculadas al terrorismo. El franquismo fue una dictadura, desde luego, pero, salvo en los años 40, cuando, no debe olvidarse, los comunistas intentaron reavivar la guerra civil al calor de la victoria aliada en la guerra mundial, resultó muy poco “feroz”, tanto si se mide en represión como en ausencia de libertad. En cualquiera de los regímenes no ya comunistas, sino de los que la izquierda ha solido llamar “progresistas”, tipo Argelia, Yemen, etc., las condiciones fueron muchísimo más duras.

Y también fueron peores económicamente, incluso si se los compara con la época española de la autarquía, no digamos ya con los años 60 y 70, cuando España creció a los ritmos más elevados del mundo, después de Japón. Vistas así las cosas, no parece un chiste decir que el franquismo preparó la democracia, aunque no lo hiciera deliberadamente. El chiste, en cambio, consiste en suponer, como implícitamente hace Jackson, que la democracia proviene de los movimientos comunistas o terroristas, o del entonces insignificante Partido Socialista, con el que él simpatiza ahora.

He aquí un buen indicio: ¿cuáles han sido los peligros más persistentes para la estabilidad de la democracia española? Salta a la vista: el terrorismo nacionalista vasco, la oleada de corrupción de años pasados, las presiones separatistas, y la degradación del poder judicial. Todos esos fenómenos tienen un marcado sello antifranquista en el origen de sus promotores y tendencia política. Por el otro lado no ha habido ningún peligro serio, salvo la intentona de Tejero, ocurrida en buena medida como reacción a algunos de los peligros de origen contrario.

Durante muchos años la sociedad española ha comulgado con demasiadas ruedas de molino sobre su propia historia reciente, y creo que va siendo hora de rechazarlas por una necesidad elemental de salud pública.

En Tecnociencia

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