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Crisis de autoridad

El PSOE se empeña en resolver el problema de la delincuencia con la misma filosofía con la que quiere poner fin a la indisciplina y a la violencia escolar. No sé si cuando los socialistas piden más policía, como cuando piden más profesores, lo hacen con la sola intención de gastar más dinero público o es que realmente creen que es la única forma de resolver el problema que amenaza enrarecer la convivencia en España y en toda Europa en los próximos años.

No es sólo cuestión de aumentar el número de vigilantes, que éstos de poco sirven si se paralizan embargados por el terror de que los tilden de autoritarios. Cuando ni los padres, ni los profesores, ni los policías están dispuestos a asumir la responsabilidad de mandar, en las familias, en las escuelas y en la calle se crea una situación de inseguridad y anarquía que puede provocar la aparición de líderes oportunistas.

En las aulas, la falta de autoridad del profesor favorece el que surjan matones de escuela que imponen su ley. En la calle, el incumplimiento de las leyes puede llevar a la aparición de delincuentes mafiosos que asustan y amedrentan a los ciudadanos. Un clima propicio para que, una vez perdido el miedo a la corrección política, la gente se vaya detrás del primero que prometa orden, seguridad y mano dura en el cumplimiento de la ley.

Azurmendi, que conoce bien el mundo de la inmigración, siempre ha mantenido que lo que provocó aquel famoso conflicto en El Egido no fue un sentimiento xenófobo hacia los moros sino que fue un problema de delincuencia y de orden público. Porque, decía Mikel, si un día a uno le roban una oveja, denuncia al ladrón y la policía no hace nada y si más tarde le roban diez ovejas, de nuevo denuncia al ladrón y de nuevo la policía se llama a andana, cuando finalmente se queda sin rebaño ya no llama a la policía sino que decide tomarse la justicia por su mano.

En el centro de acogida de Melilla, hace unos cuantos días, un menor fue sacado del centro para protegerle de los ataques del cabecilla de un motín que se había organizado. La televisión mostró unas imágenes en las que un periodista intentaba interrogar a uno de los educadores sobre lo que allí había pasado, pero éste se apartaba de la cámara diciendo “nada, nada, travesuras de niños”. Al día siguiente la prensa trajo la noticia de que las “travesuras” habían estado a punto terminar con el suicidio del menor protegido.

Mientras la izquierda siga creyendo que autoridad es lo mismo que fascismo y la derecha tenga tantos complejos y tanto miedo a que la acusen de autoritaria, estaremos ante el peligro de que, en cualquier momento, surja un político desaprensivo que quiera sacar tajada de la situación.

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