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Entre el desafío y el miedo

Millones de norteamericanos celebran este año el 226 cumpleaños del país con el deporte nacional de pic-nic y esperando los fuegos artificiales de la noche, pero otros miles están en alerta como, probablemente, nunca antes en un 4 de julio. Las patrullas aéreas se han reanudado sobre las grandes ciudades, están en marcha alertas de radiación y millares de policías municipales y de parques están de guardia protegiendo las ciudades.

Aunque el 96% asegura que no ha cambiado sus planes, lo cierto es que los 37 millones que han viajado para aprovechar el puente del 4 de julio, utilizan más que nunca el coche y evitan los aeropuertos, donde el temor a nuevos atentados ha disminuido la cifra de pasajeros en un 4% con respecto al año pasado.

El espectáculo de ciudades como Nueva York o Washington ha de ser puro deleite para los secuaces de Ben Laden. La explanada de los monumentos, donde todos los años acampan centenares de miles de personas entre el monumento a Lincoln y el Capitolio, está vallada para que la policía pueda controlar al público en 24 puntos de entrada y no sólo hay las cámaras de televisión que transmiten en directo la fiesta popular, sino lentes de vigilancia conectadas con las centrales de policía.

La gente parece dispuesta a aceptar la incomodidad e indica que va aprendiendo a vivir con la nueva amenaza, dispuesta a seguir la exhortación del alcalde de Nueva York, hay que acudir a las calles a celebrar, a pesar de un poco de miedo y de mucho calor, para plantarles cara a los terroristas.

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