No nos encontramos ante una más de las folclóricas bravuconadas a las que los líderes del nacionalismo vasco nos tienen acostumbrados. El documento que el lunes aprobó el tripartito gracias a la activa abstención de Batasuna, lanza al Gobierno y a España el mayor desafío que se puede plantear a un estado de derecho: la amenaza de incumplir la ley abiertamente si el poder legalmente constituido no se aviene, asimismo, a incumplirla también cediendo al chantaje.
El cónclave nacionalista, después de 25 años, cree que ha llegado la hora de abandonar la fachada de moderación y victimismo –con la que ha logrado capitalizar los réditos políticos de los crímenes de Eta y engañar a dos generaciones de políticos siempre temerosos de que pudiera llegar este momento– para echarle un pulso a la democracia española. No tiene nada de extraño. Confiados en que durante 25 años nadie se ha atrevido a oponerse seriamente a sus exigencias –mucho menos a criticar su política o su ideario con ribetes filonazis, so pena de “excomunión” por parte del sumo sacerdote Polanco– amenazan, en el plazo de dos meses, con asumir competencias que pertenecen en exclusiva –tal y como prescribe la Constitución– al Gobierno de España.
Aunque esto sólo es el casus belli. El delirio paneuskaldun, que no respeta la voluntad de la mitad de los vascos, ni la de los navarros (donde apenas tiene arraigo el nacionalismo vasco) ni tampoco la de los franceses –tal y como muestran los libros de texto aprobados por el PNV y los mapas del tiempo de la televisión nacionalista–, queda patente a lo largo de todo el documento que ha firmado el tripartito. Y las constantes alusiones al pueblo vasco (nacionalista, se entiende) como entidad abstracta acreedora de derechos histórico-ancestrales tales como el de la autodeterminación (un concepto leninista aplicado a la descolonización de África en los años 60 con las secuelas de miseria y totalitarismo que todos conocemos), preludian el viejo esquema de la “vanguardia consciente” que dirige la revolución. No en vano, Ibarretxe se desplazó a Cuba para aprender de primera mano las esencias del “modelo referencial” que quiere para sus conciudadanos: una dictadura de partido único donde no tenga cabida otro pensamiento que el aranismo y donde los no nacionalistas queden relegados a la categoría de ciudadanos de segunda clase.
La democracia española no puede permitirse que unos visionarios consigan imponer impunemente un proyecto protototalitario a una ciudadanía que, mayoritariamente, se opone a él, y que no tendría cabida en una Europa –sobre todo con el precedente de Yugoslavia– que tiende a difuminar sus fronteras.
PNV, EA y Batasuna han apostado por el órdago en el camino hacia la independencia, poniendo al Gobierno en la disyuntiva de hacer una nueva concesión o plantar cara invocando la posibilidad –recogida expresamente en la Constitución– de suspender el Estatuto vasco. Y esta última es, probablemente, la única opción posible, que respeta la integridad del ordenamiento jurídico y la estabilidad de nuestra democracia. Los nacionalistas esperan ganar en cualquier caso, ya que si el Gobierno cede una vez más ante las exigencias de PNV-EA, o se aviene siquiera a negociar los términos, el siguiente paso que den los nacionalistas será exigir la independencia de facto. Y si el Gobierno opta por la firmeza y el cumplimiento estricto de la ley, los nacionalistas ex moderados no perderán ocasión de presentarse de nuevo ante el mundo como víctimas y los asesinos etarras tampoco vacilarán en poner su granito de arena manchada en sangre. Nada nuevo, si se piensa bien, respecto de la tónica habitual.
Y este es, precisamente, el factor que no han tenido en cuenta los nacionalistas “ex moderados” ni los cómplices de los verdugos etarras: a la democracia española ya no le queda nada por conceder y muy poco por padecer. Los españoles ya han perdido la esperanza de contentar a quienes, pase lo que pase, jamás se contentarán. Por ello, el órdago puede volvérseles en su contra a poco que el Gobierno continúe en su actual línea de firmeza, que goza del apoyo de la inmensa mayoría de los españoles. Ni siquiera González y Cebrián podrán cambiarlo.

El delirio paneuskaldun

En España
0
comentarios
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj Durcal