Por si los españoles no tuviéramos ya bastante con el terrorismo permanente de ETA o el intermitente de los GRAPO, el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) ha venido también a instalar su sede en Madrid, aprovechando la cálida acogida que le prodigan personajes como Manuel Vázquez Montalbán; el premio Nobel José Saramago; el cantante Manu Chao; el cineasta Fernando León de Aranoa, ganador de la Concha de Oro del último Festival de San Sebastián y candidato español al Oscar; el filósofo Toni Negri, ideólogo del terrorismo italiano de extrema izquierda y uno de los líderes del movimiento antiglobalización, Carlos Taibo, otro veterano antiliberal incondicional adorador del subcomandante Marcos... etc.
Es decir, una gran parte de la plétora de iconos mimados por la progresía liberticida que han adquirido fama y dinero a cuenta de negar los beneficios de la democracia liberal y de la economía de mercado al Tercer Mundo. Fabricantes de pobres al por mayor sin moverse de sus casas, no tuvieron empacho en acudir a convocatoria madrileña de la penúltima metástasis castrista en Iberoamérica, Aguascalientes, un evento cuidadosamente preparado desde hace al menos dos años y que tuvo lugar entre los días 20 y el 24, al que convocó el subcomandante Marcos en una carta –ampliamente difundida en las webs del mundo radical y antiglobalización– repleta de insultos al presidente del Gobierno, al Rey, al juez Garzón e incluso a Felipe González y de sarcasmos hacia la democracia liberal.
No es en absoluto descartable que los disturbios del pasado domingo en el Rastro de Madrid tengan algo que ver con las soflamas de los asistentes, para las que instituciones como la Escuela de Relaciones Laborales de la Universidad Complutense de Madrid –de cuyo patronato forman parte el Rector de la UCM, el vicerrector de Investigación, un representante de la Comunidad de Madrid y tres representantes de CCOO– o el Circulo de Bellas Artes (dependiente de la Comunidad de Madrid), que amablemente cedieron sus locales. Saramago, León y Manu Chao –entre otros– alabaron las bondades del zapatismo y la intrínseca maldad del presidente mejicano Vicente Fox –elegido democráticamente–, que tiene la osadía de oponerse a las prácticas terroristas y a la subversión de los cuates de Marcos y que, en palabras de Saramago, está acabando con la “paciencia” de los partidarios del líder zapatista... ¿Amenazan acaso con intetnsificar las actividades terroristas?
Vivimos, afortunadamente, en un país libre en el que la libertad de expresión es –o debe ser– un valor y un derecho incuestionable. Sin embargo, ceder los locales y las instalaciones de la Universidad o el Círculo de Bellas Artes –pagados o financiados con dinero público con el objeto de fomentar la educación y la cultura– para que los terroristas del EZLN y sus simpatizantes ibéricos puedan hacer propaganda y captar prosélitos mientras que el juez Garzón intenta sofocar el terrorismo de “fabricación nacional”, supera con mucho los límites de la más laxa tolerancia. Quizá Ruiz Gallardón, obsesionado por ganar puntos frente a la progresía liberticida, debería aportar alguna explicación al respecto. Aunque, desde luego, no será el PSOE o Izquierda Unida quienes se la demanden en la Asamblea de Madrid.

Los zapatistas abren sucursal en España

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