El Pleno que se ha celebrado en el Congreso este lunes tenía como justificación inicial el reciente Consejo Europeo de Copenhague, pero lo cierto es que, como era previsible, se ha convertido en un pleno monográfico sobre el desastre del Prestige. Un pleno "ficticiamente" monográfico sobre la crisis ecológica que sufren las costas gallegas. Aznar y Zapatero se han enzarzado de nuevo en un agrio y malhumorado cambio de reproches por la forma de afrontar esta catástrofe. Los dos han vuelto a dejar en evidencia la desastrosa gestión política que Gobierno y oposición han demostrado en toda esta historia.
El presidente del Gobierno, después de unos días de petición de perdón, ha vuelto a las formas de suficiencia respecto de la oposición que está utilizando en esta temporada, unas formas que no llevan a ningún parte. No es bueno que Aznar actúe de esa manera. No consigue ningún objetivo ni nada bueno. El Gobierno ha perdido perdón, pero ese arrepentimiento debería ir acompañado de hechos. Aznar, este fin de semana, ha intentado pinchar la primera de las polémicas: su presencia en Galicia. Aceptadas las excusas por las posibles negligencias del Ejecutivo, se ha echado en falta una visita más activa a las zonas afectadas, como él tantas veces ha sabido hacer. Roto el hielo de la primera vez, ahora debería convertir en "normal" que el presidente del Gobierno pueda acudir a las zonas afectadas, sin tener que justificarlo ante la opinión pública. Algo así como lo que se propuso desde el primer momento con el País Vasco, que tantas veces ha visitado desde que llegó a La Moncloa. Ahora, el frente que le queda pendiente es un Debate parlamentario "de verdad" sobre el Prestige. Denegarlo y evitarlo es ofrecer a la oposición argumentos incontestables. Sinceramente, no se entiende esa negativa, cuando en un Debate de esas características, el presidente de turno tiene todas las de ganar.
Por su parte, Zapatero ha vuelto a tropezar, y ya hemos perdido la cuenta, en los mismos errores. El secretario general del PSOE ha incidido en propuestas infantiles y demagógicas. Zapatero ha vuelto a demostrarnos que no está maduro. Propone cosas, cambia de opinión y se distrae con asuntos secundarios. Zapatero ha vuelto a las andadas, a las que nos tiene acostumbrados. Apunta, pero no tiene puntería. En todo lo dicho sí que hay una cosa en la que tiene razón: Aznar debería de ofrecer una imagen menos "encastillada" en la toma de decisiones.
En fin, el debate parlamentario de este lunes, ha sido bajo de tono y de argumentos. Y aunque los protagonistas han gritado, y mucho, desde la tribuna, la realidad es que los políticos han vuelto a mostrar su imagen más pobre y desdichada. Gobierno y oposición han insistido en seguir lejos de los ciudadanos.

Cada vez más lejos de los ciudadanos
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