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La trampa de la equidistancia

Josu Jon Imaz ha dicho que es una operación de marketing, y ha hecho bien, demasiados halagos tan pronto serían como el abrazo del oso.

El juguete preferido con el que el Partido Socialista ha desafiado en el País Vasco al Pacto antiterrorista es el de la presumida “equidistancia” entre el PP y los nacionalistas. Desde que el ejemplar Nicolás Redondo Terreros fuese defenestrado, la nueva Ejecutiva que se hizo cargo de los destinos de PSE no ha hecho más que fintar con la cancioncilla del punto intermedio, del compromiso y del diálogo. Naturalmente en el País Vasco tal melodía no existe; o se está con la Constitución y con todo lo que ella representa, o se está contra ella y con todo lo que pueda producir el abanico de partidos nacionalistas, esto es, del Plan Ibarreche a los asesinatos de ETA.
 
Hace apenas dos semanas el secretario general del PSOE en Guipúzcoa, Miguel Buen, aseguraba que los socialistas “no serán un muro de contención de la voluntad de la sociedad vasca”. Sorprendente, los términos empleados y el espíritu están calcados de la jesuítica verborrea de los dirigentes del PNV, especialmente del Lehendakari Juan José Ibarreche. De nada sirvió que poco después Gotzone Mora, concejala en Guecho, enmendase la plana a su compañero de partido recordándole el lugar que corresponde a los socialistas en el País Vasco y cuál ha de ser su verdadero compromiso político.
 
La maniobra de aproximación viene prolongándose desde hace tiempo magistralmente guiada por el alcalde de San Sebastián. Durante unos meses el secretario general, Patxi López, jugó al redondismo sin más convicción que la que exigía el realismo propio del PSOE en la Oposición. Zapatero no quería quemar su nave vasca, la única que le quedaba con algo de credibilidad, por si en la operación se dejaba un buen puñado de votos en el camino. Desde La Moncloa todo ha sido diferente. Elorza y sus planteamientos, tan cercanos al PNV que casi ni se diferencian, han tomado fuerza. La propia, la que obtiene de su clientela natural en Guipúzcoa, y la que le proporcionan los aires disgregadores y asimétricos de la nueva España maragalesca de nacionalidades históricas, vetos en el Senado y estatutos a la carta.
 
No es necesario para los que mandan en el PSOE en el País Vasco seguir simulando un constitucionalismo en el que no creen, y que tratan de desmontar pieza a pieza escudados en el supuesto carácter intransigente del PP. Y todo a pesar de que el PSOE vasco ha conseguido sus mejores resultados electorales defendiendo un País Vasco plenamente integrado en la España autonómica, todo a pesar de que nunca una federación socialista había tenido tanto prestigio como la que dirigía con tino Redondo Terreros, valiente político que no cayó en la trampa de una equidistancia que, simplemente, no existe.
 
Las declaraciones de ayer del Emilio Guevara, antiguo michelín del PNV expulsado de la Sabin Etxea por su pertinaz españolismo, vienen a poner una piedra más sobre el cenotafio de un PSOE que, aunque Elorza crea lo contrario, no tiene cabida en el nuevo estado pergeñado por los arquitectos de la Euskal Herría milenaria. Tras la grisácea cortina de las políticas pasivas y activas relacionadas con la Seguridad Social, se esconde el viejo anhelo nacionalista de hacerse con la gestión del seguro público. Apetitoso bocado que sin embargo se les podría atragantar porque, hoy por hoy y gracias a que este servicio es único para todos, los españoles pueden viajar de una comunidad a otra con certeza de que serán atendidos por los médicos de la comunidad de destino. La propuesta de Guevara es sencilla y un tanto ventajista: Vitoria controla el invento, distribuye prebendas dentro de la finca y si hay déficit el agujero lo tapa el resto, magnifica muestra de solidaridad interregional, soberano testimonio de cómo se entiende eso de la caja única entre cierta parte de nuestra casta política.
 
Lo relativo al Tribunal Superior de Justicia es, a lo que parece, un remedo del previsto en el Plan Ibarreche y que haría de la Justicia un laberinto regional insalvable hasta para el más curtido de los abogados. Para rematar Guevara nos deja vagas referencias a nuevas competencias que el Estado debe al Gobierno vasco en materias tales como justicia, infraestructuras e investigación. Bálsamo nacionalista sin alcohol, para que no huela demasiado. A falta de concreción todo lo que podemos imaginarnos es que el convoy va por donde tiene que ir, es decir, por la vía adecuada para hacer parada en la estación que Ibarreche designe.
 
Josu Jon Imaz ha dicho que es una operación de marketing, y ha hecho bien, demasiados halagos tan pronto serían como el abrazo del oso. Joan Tardá sin embargo, que está en Madrid y es de ERC, no está al tanto de las filigranas que se estilan por el norte y se ha apresurado a felicitar a Patxi López por entrar en el juego y por abandonar el pánico escénico (sic). El juego consiste en parecer en el medio estando ya en un lado, el pánico escénico es el que va a padecer López y los suyos cuando comparezcan ante los medios tras el escrutinio de las elecciones vascas del año próximo.  

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