Lo que ocurrió el jueves pasado en el Parlamento catalán, con un Maragall que recuerda el 3% de forma irónica al portavoz de CiU, para inmediatamente desdecirse, es un claro síntoma de que la política catalana necesita una seria regeneración. Desde luego que cuando hablan de lo diferente que es la forma de entender la política en Cataluña de la del resto de España ya sabemos que únicamente se trata de no hablar de lo que no se debe de hablar.
Y menos mal que la fiscalía ha tomado cartas en el asunto, porque o bien Maragall es un mentiroso o bien tiene que dar paso a la vía judicial, pero nunca hacer lo que hizo en el Parlamento, insinuar el cobro de comisiones para luego retirar lo dicho en cuanto el portavoz de CiU le amenazó con la finalización práctica de la legislatura. En cualquier caso, lo que no puede hacer nunca el Presidente del Gobierno catalán es intentar callar a la oposición insinuando posibles delitos de corrupción. Ahí es nada, prevaricación por resolver un asunto administrativo de forma arbitraria, cohecho, por solicitar u ofrecer un beneficio económico para realizar las obras.

