Desde que saliese a la luz hace unas semanas la relación del socialista Fernando Huarte y el terrorista Abdelkrim Benesmail, la polémica no ha dejado de acompañar al otrora anónimo concejal gijonés. Una completa investigación llevada a cabo por Javier Somalo y Dieter Brandau, jefes de redacción de este diario, da una pincelada más a las andanzas de un oscuro personaje que es a un tiempo empresario, político, cooperante y factotum del PSOE en la principal ciudad de Asturias.
Si en la primera y segunda entrega del folletín cantábrico Huarte quedaba como un consumado maestro del escamoteo, en la tercera, presentada hoy en exclusiva en Libertad Digital, la figura del militante socialista se ha agrandado considerablemente. Fernando Huarte se dedicó durante un buen periodo de tiempo a conseguir suculentas subvenciones para su ONG Asociación de Amigos del Pueblo Palestino. Hasta aquí nada que objetar salvo la alegría con la que los ayuntamientos disparan con el dinero de los ciudadanos. De todos es sabido que muchas corporaciones hacen y deshacen a placer destinando fondos públicos a las más peregrinas causas. Con Huarte, sin embargo, el ayuntamiento bordó el desatino. Durante los años 2001 y 2002, por ejemplo, concedió a su ONG un total de 138.000 euros, es decir, 23 millones de las antiguas pesetas, para una escuela en Ramala que nunca se llegó a construir. Por la misma época solicitó al ayuntamiento una subvención para un extravagante “Museo Etnográfico del traje del pueblo palestino” en el que, sólo en sastre, se fueron 3.000 euros contantes y sonantes. En muchos casos todo lo que ha quedado de los “proyectos humanitarios” de Huarte han sido simples albaranes en lengua árabe sin firma y sin fecha. Un edificante ejemplo de cómo y con quién ha estado trabajando el ayuntamiento gijonés.
Si a las cantidades desorbitadas y los proyectos fantasma le unimos el hecho de que la encargada de conceder las subvenciones era la hermana de la alcaldesa la curiosidad se transforma en fundada sospecha de que las aguas, en Gijón, no bajan del todo limpias. Y así fue. La que entregó ese dineral a Huarte a cambio de unos albaranes en árabe fue Maria Antonia Fernández Felguerosa, hermana de la alcaldesa y presidenta de la Comisión de Cooperación y Solidaridad del ayuntamiento, una especie de inagotable maná del que Huarte ha estado bebiendo durante largo tiempo. La intrincada red de intereses cruzados en el socialismo gijonés va más allá. Huarte está vinculado con el marido de la alcaldesa, Daniel Palacio, desde hace veinte años cuando ambos entraron en el PSOE tras militar en las filas de Falange. Mucha casualidad en torno a la familia de la alcaldesa y a unas subvenciones sobre las que no se sabe casi nada.
El Partido Popular de Gijón parece haberse tomado en serio el caso y su presidenta anda a la caza de unos documentos que se resisten más de lo normal. La alcaldesa ha permitido que los populares examinasen la documentación referida a las subvenciones en presencia de un funcionario y se ha ocupado de filtrar personalmente cuáles pueden ser fotocopiados y entregados a la oposición. Esto, naturalmente, es poco democrático y bastante irregular. A los populares les asiste el derecho de solicitar e inspeccionar a fondo todos los documentos que crean pertinentes sobre unas subvenciones públicas. ¿Por qué Paz Fernández Felguerosa ha bloqueado el acceso a esos papeles?, ¿por qué ha decido esconder al escrutinio de la oposición unos documentos públicos?, ¿hay acaso más irregularidades de las que ya se saben?

