El asentamiento de los nacionalismos periféricos en España y la negación de todo cuanto represente una identidad común han ido acompañados en Cataluña y en el País Vasco de un evidente recorte de derechos y libertades que sí se han mantenido allí donde ha persistido una idea nacional y liberal de España. La descentralización de las competencias educativas ha acabado con todo pluralismo que se interpusiera en los proyectos de "construcción nacional" en estas autonomías; se han recortado libertades educativas básicas amparándose en ese pluralismo que España debía reconocer como Estado pero que las naciones que pretenden construir se fundamentan en negar.
Las autonomías gobernadas por los nacionalistas han subordinado el aprendizaje a la transmisión de una cultura localista y un pasado falsificado que busca legitimar sus objetivos políticos presentes. La transferencia de las competencias de educación ha descentralizado no sólo la titularidad de los centros públicos, sino también la ordenación académica, la selección del profesorado, la capacidad de concertar discrecionalmente centros privados e incluso la inspección. Esta descentralización ha significado la vuelta, allí donde gobiernan los nacionalistas, al caciquismo que tanto combatieron los liberales del siglo XIX, desde la Constitución de Cádiz hasta la creación del Ministerio de Instrucción Pública.
¿Y qué hace el Estado que tendría que garantizar el derecho a la educación en toda España? Imitar al nacionalismo, crear su propia construcción "ciudadana". El PSOE ha tejido una auténtica ideología de Estado con la Educación para la Ciudadanía, una cursilada que además de excluir cualquier atisbo de pensamiento liberal en las aulas sustituye en los horarios aquella formación que pretendía transmitir la herencia cultural occidental (Ética, Filosofía, Religión). Y no mejorará ni la enseñanza ni el espíritu cívico de los alumnos dictando en clase alguna declaración de la mitificada ONU o algún artículo de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Ni siquiera servirá para que voten al PSOE: será una simple pérdida de tiempo que como mucho reafirmará a algunos en su ignorancia y en su rechazo al liberalismo, a España como nación o a Occidente como cultura.
Niños que nunca han estudiado economía tendrán que identificar "los factores económicos que provocan situaciones de discriminación, marginación e injusticia". El PP lo retrasará unos cursos, pero lo importante es que sus autonomías incrementen la formación de los alumnos, por ejemplo en economía, para dificultar los objetivos propagandísticos (no sea que algún profesor decida hacer lo que dicta el currículum del PSOE). Alguien tiene que enseñar a los alumnos que pueden crecer las diferencias mientras se reduce la pobreza. Alguien tiene que decir que el dinero que invierte la UE en subvencionar su agricultura impidiendo que África comercie supera con creces el famoso 0,7% del PIB del que seguro que les hablarán en esa asignatura.
Hace falta una formación que, con datos, ayude a desactivar ese movimiento antiliberal de rechazo a Occidente, cuyo máximo exponente es la Alianza de Civilizaciones, es decir, la alianza de Zapatero con el primer ministro turco, del cual acabarán hablándoles en Ciudadanía a los alumnos. Por eso, la formación común que ha planteado el PP deberá incluir enseñanzas que compensen ese tipo de propaganda. Con todo, no nos vale con lo que haga la Derecha en sus autonomías. Tienen que comprometerse a armonizar algunos contenidos (geografía, historia) cuando lleguen al poder. Y hacerlo mientras el Estado aún tenga competencias para evitar la falsificación de la historia, la exclusión lingüística o el adoctrinamiento.