Zapatero no podía encontrar mejor broker para comprarle una trola a ETA. ¿Quién mejor que el máximo líder de los terroristas para mediar entre la maldad y la traición? ¿Quién mejor que el asesino en serie que exportó su barbarie hasta el último rincón del planeta? ¿Quién mejor que el maestro para negociar con los alumnos?
Ahora lo entendemos. Es mucho lo que se juega en La Habana. No por gusto y, anulando candidaturas con muchos más méritos, el presidente del Gobierno colocó en Cuba a un hombre de su absoluta confianza. Necesita saber qué se deposita, cómo y cuándo en los buzones de la infamia.
Nunca pudimos sospechar que llegaría a mal gobernarnos un político más irresponsable. Zapatero ha unido su suerte al más veterano e insaciable de los chantajistas vivos. Incluso enfermo y en chándal, Castro puede generar mucho daño. Y no sólo en Cuba. Siempre cobró muchísimo por sus servicios. No se conformará con que Miguel Ángel Martínez trabaje para él en Europa.
¿Quién puede sorprenderse hoy de que Moratinos bajara la mirada cuando el miserable de Pérez Roque dijo en su presencia que en Cuba no existen presos de conciencia? No viajó a La Habana para preguntar por las víctimas de la tiranía. Prefirió amigar con sus carceleros. Tal vez ya entonces pensaron en montar una estafeta de correos entres los escombros que rodean a más de doscientas cárceles. Algún día se arrepentirán de servirse de alimañas para negociar con las serpientes.
