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Cristina Losada

Feijóo y la derecha gélida

Núñez Feijóo ha sido fiel a una vieja tradición de la derecha. Una tradición de tecnócratas que detestan involucrarse en asuntos que desaten controversia ideológica.

El cubano Javier Fernández ha dejado la huelga de hambre que mantenía en Santiago de Compostela. Había comenzado su ayuno el 26 de febrero en señal de protesta por la muerte del albañil Orlando Zapata en las cárceles castristas y con la intención de despertar el apoyo hacia la causa de la libertad y los derechos humanos en Cuba. Lo segundo, reconoce, no lo ha conseguido con la amplitud que esperaba y merecía. Fernández se ha dado de bruces con el silencio.

Buena parte de la prensa ha sido cicatera, por no decir hostil. Hace dos semanas, una nota de Europa Press se abría con un escéptico "dice llevar 13 días en huelga de hambre". Un disidente del comunismo siempre es sospechoso. De partidos como el PSdG y el BNG supongo que no esperaba nada. Aún se recuerda la alegre excursión a La Habana que organizaron cuando gobernaban. Se bebieron cuatrocientos mojitos y ni así tuvieron agallas para mencionar la terrible situación de los presos políticos. Bromeo. Ni se les pasó por la cabeza.

Fernández sólo podía mirar hacia el Partido Popular de Galicia y el Partido Popular de Galicia decidió no mirarle. "Ha pasado por delante de mí todos los días y ni siquiera me miró", ha dicho de Feijóo, presidente del partido y del Gobierno gallego. Era razonable confiar en un respaldo explícito cuando la dirección nacional mantiene una posición firme contra la dictadura de Castro. Pero, ay, la autonomía es muy suya. Sólo el portavoz compostelano del PP se dignó a prestarle atención. En los 25 días de la huelga de hambre no hubo forma de que la Xunta tuviera un gesto. Bueno, sí, el de mirar para otra parte.

Típico. Núñez Feijóo ha sido fiel a una vieja tradición de la derecha. Una tradición de tecnócratas que detestan involucrarse en asuntos que desaten controversia ideológica. De gestores que se sienten incómodos en la formulación de ideales y rehúyen expresar la dimensión moral e intelectual de los principios que representan. No extrañe, así, que sea la izquierda la que se haga cargo de ese capítulo. La que aparezca como patrona natural de los derechos humanos, la libertad, la igualdad y la justicia. En relación con Cuba, la derecha está, en España, sola en la defensa de tales causas. Pero con Javier Fernández se impuso la frialdad de las almas de contable.

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