Colabora
Emilio Campmany

Agradadores togados

La excarcelación de etarras es uno de esos raros casos donde los dos partidos desean la misma solución, que salgan a la calle todos los que puedan hacerlo.

Los jueces y fiscales españoles se parecen a los soldados de la Grande Armée, de quienes Napoleón decía que llevaban todos el bastón de mariscal en sus mochilas. Sólo que lo que llevan nuestros miembros del Poder Judicial en sus portafolios, entre códigos y mamotretos, es la oportunidad de ser magistrados del Supremo o del Constitucional, o vocales del Consejo General del Poder Judicial. Algunos de ellos, cándidos e ingenuos, viven felices en la creencia de que podrán llegar a ser todo eso a base de estudiar, trabajar y destacar como jurisperitos. Los iniciados y resabiados saben, sin embargo, que será la docilidad y la obediencia a los otros dos Poderes lo que les llevará a la cumbre de sus carreras.

Entre éstos, los hay de dos clases. Los menos espabilados limitan su servilismo a uno de los dos grandes partidos, bajo la convicción de que sus jefes sabrán en su momento ser agradecidos. No se dan cuenta de que agradando a los de un bando de forma grosera y sin tapujos irritarán a los del otro, que podrían llegar a vetarlos en unas designaciones que se hacen siempre de común acuerdo. Por eso los más listos racionan su complacencia con el poder a aquellos momentos y circunstancias en que un oportuno doblar el espinazo ha de agradar a los dos partidos por igual. Son éstos los que suelen llevarse el gato al agua.

La excarcelación de etarras a cuenta de la revocación de la Doctrina Parot es uno de esos raros casos donde los dos partidos desean la misma solución, que salgan a la calle todos los que puedan hacerlo. Es así porque la liberación de estos etarras es un compromiso adquirido por Zapatero con la ETA a cambio de que ésta deje de matar. Y Rajoy lo ha asumirlo con tal de no arriesgarse a que la banda vuelva a las andadas. En cualquier circunstancia, no hubiera hecho falta demasiado esfuerzo para encontrar jueces dispuestos a colaborar cuanto sea necesario al buen fin del mal llamado "proceso de paz". Pero en esta ocasión hemos asistido a un febril agolpamiento de togas de quienes, dándose con los talones en el trasero, han acudido con inusitada presteza a sacar terroristas a la calle.

Da la casualidad de que nos encontramos en plena negociación entre Rajoy y Rubalcaba para determinar quiénes serán los nuevos vocales del Consejo General del Poder Judicial. En realidad, el asunto debería estar ya resuelto, pero una oportuna gripe del secretario general del PSOE ha obligado a retrasar todavía más los nombramientos. Así, las esperanzas que cada cual tenga de ser uno de los agraciados se mantienen por el momento incólumes y el ansia de ser finalmente escogido ha hecho que los deseos de agradar se hayan exteriorizado sin recato alguno. Es como una pelea de bufones donde, siendo inminente el nombramiento de primer bufón del reino, todos se pelearan por ser el más gracioso y ocurrente a los ojos del príncipe, hasta resultar todos ellos patéticos. Lamentable espectáculo.

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