Sacar a las huestes a las calles para atacar a la oposición es típico las dictaduras, pero hacerlo en medio de una crisis sanitaria debería tener consecuencias definitivas.
La marquesa de Galapagar, paradigma de la ordinariez, arrabalera de postín, árbitro de la nesciencia, a quien guarde Dios muchos años, va empuntada a ser presidenta del Gobierno.
En ocasiones como ésta en que las sanitarias tienen que apelar a la responsabilidad individual, nos encontramos con que esa apelación puede caer en el vacío.
Hace ya mucho tiempo que los políticos españoles, cuando vienen mal dadas, se parapetan en otra cosa que no es la política para eludir sus responsabilidades.
Necesitamos un pin liberal para evitar que con nuestro dinero se financie esta propaganda gubernamental, estos sectarios lavados de cerebro, estos discursos del odio.