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Pablo Planas

Celaá, Ortega Smith y el coronavirus

El Gobierno ha quedado retratado no sólo por su mayúscula incompetencia y apabullante irresponsabilidad, sino por su galopante peligrosidad social.

Pablo Planas
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El Gobierno ha quedado retratado no sólo por su mayúscula incompetencia y apabullante irresponsabilidad, sino por su galopante peligrosidad social.
EFE

Han pasado ya más de tres días de la manifestación feminista y la ministra Isabel Celaá todavía no ha dimitido. La titular de Educación y Formación Profesional acudió a la convocatoria ataviada como habían quedado los socialistas en el Consejo de Ministros, de rojo con detalles violetas. Hasta ahí todo normal, si es que se puede considerar normal que los ministros se disfracen como para participar en una flashmob sobre el periodo. Lo más llamativo del asunto eran los guantes de látex morados con los que se protegía las manos la autora de la frase "Los niños no son de los padres". Debía manejar información reservada y mucho miedo, no tanto como para embozarse tras una mascarilla, pero el suficiente como para adoptar ciertas medidas de profilaxis ante el coronavirus.

De hecho, no ha dimitido nadie, ni siquiera el portavoz Simón, a pesar de que el Gobierno ha quedado retratado no sólo por su mayúscula incompetencia y apabullante irresponsabilidad, sino por su galopante peligrosidad social, puesto que prefirieron arriesgar la salud de cientos de miles de mujeres antes que cancelar la manifestación del Día de la Mujer. ¿Exageración? Mucha menos que atribuir el avance del coronavirus a los recortes de los años de la crisis o a la gestión hospitalaria de Esperanza Aguirre, excesos a los que se ha dado la izquierda para tapar el desastre de gestión del Gobierno y repartir responsabilidades entre quienes no tienen ninguna.

Es tanta la indulgencia de la que disfruta el Ejecutivo en los medios de comunicación que al presidente del desastre, Pedro Sánchez, le basta con decir chorradas del tipo "Haremos lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta" para quedar como un portento de la comunicación en situaciones de crisis. Sin embargo, resulta imposible ocultar las gigantescas dosis de inepcia e improvisación con las que se ha afrontado una emergencia sanitaria mucho más grave que la del ébola. En aquella época y por aquellas circunstancias, Sánchez se entregaba a la demagogia alarmista y pedía la cabeza de la mitad del Gobierno de Rajoy, incapaz de contener, según él, un virus que iba a diezmar España.

Las tornas han cambiado. Se nota porque si gobernara el PP la culpa sería del Gobierno, pero ahora que gobiernan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias la culpa es del aire, de la edad, de las patologías previas y de Javier Ortega Smith, de quien la izquierdita wyominguera hace unos chistes que si fueran sobre Irene Montero ya habría intervenido la Fiscalía.

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