
Pedro Sánchez no oculta que va a hacer todo lo posible por perpetuarse en el poder. Residir o resistir en la Moncloa es lo único que le salva a estas horas de una imputación criminal por los negocios de su esposa, el enchufe de su hermano, los pelotazos de José Luis Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán y José Luis Rodríguez Zapatero, las andanzas de Leire Díez entre fiscales y el fétido olor que desprende la cúpula de Interior al completo. Esto es lo que se sabe, la punta del iceberg, lo que se aprecia a simple vista. Y de esa panorámica se desprende que ninguno de los delitos por los que han sido condenadas esas personas o por los que están siendo investigadas hubiera sido posible sin el concurso por activa o por pasiva de nuestro presidente del Gobierno.
Sánchez dice que no sabía nada de lo de Ábalos, que jamás se habría imaginado lo de Cerdán, que todavía no se puede creer lo de Zapatero, que su pichona es inocente, que su hermano es un genio de la música y que todo es culpa de Isabel Díaz Ayuso y de su novio. El hombre abre los ojos con asombro y musita que no tenía ni p... idea. Pone cara de insecto palo y dice que está preparando unos presupuestos. Es asombroso. Miente sin esfuerzo, olímpicamente. Es el último ser con el que un ciudadano honrado querría cruzarse de noche en un callejón.
Y no se va a ir así como así. Primero tendría que perder unas elecciones. Y para perder unas elecciones lo primero es que se convoquen y luego que se celebren. A muchos socialistas les parece una infamia que se dude de que Pedro Sánchez se vaya a comportar como un demócrata. En el ánimo de esas gentes no hace la más mínima mella que el personaje se haya pasado por el arco del triunfo que la mayoría del Congreso le pidiera que se someta a una moción de confianza o que dimita. Creen que Sánchez es un demócrata en estado puro. Sí, sí, el que escondía urnas en el PSOE y el que mandó la democracia al carajo cuando la pandemia. Y los indultos y la amnistía a los golpistas. Lo que fuera menester a cambio de la Moncloa.
Metidos en harina, suponiendo que se celebren esas elecciones, el operativo del recuento y la proclamación de resultados prometen grandes oportunidades para practicar tremendos pucherazos. Un dato: esa señora que responde al nombre de Leire Díez, imputada en la Audiencia Nacional, afirmó ser la responsable de la gestión de voto por correo en las últimas elecciones generales. En Correos desmintieron tajantemente tal extremo porque Díez "sólo fue directora de Filatelia y Relaciones Institucionales y directora de Productos y Servicios". O sea que semejante individua fue directora de Filatelia cuando es más que probable que no haya pegado sello en su vida y no sepa ni siquiera qué significa la palabra filatelia. Y en Correos. Una empresa pública que Pedro Sánchez nada más llegar al poder puso en manos de su amigote Juan Manuel Serrano, quien en un alarde de excelencia sanchista dejó un agujero financiero de más de mil millones de euros y una deuda de 600 millones.
Todo esto viene a cuento de la polémica sobre la llamada ley de nietos, disposición adicional de la Ley de Memoria Democrática por la que se está concediendo la nacionalidad española y todos los derechos que eso conlleva, especialmente el voto, a nietos, bisnietos y tataranietos de antepasados vagamente españoles que emigraron al extranjero no se sabe cuándo ni por qué. Medio millón de solicitantes ya tienen un pasaporte español mientras se tramitan otros dos millones de expedientes de nacionalidad. El potencial fraudulento es impresionante. Dos millones y medio de votantes agradecidos al PSOE. Un pasaporte llave maestra a cambio de un voto en Soria o en Palafrugell. Negocio redondo. Las mafias de Hispanoamérica seguro que no se han hecho con parte del botín.
Añádase el efecto acumulativo de las regularizaciones masivas previas a la obtención de la nacionalidad, proceso que oscila entre uno y diez años, según las circunstancias. Un ciudadano argentino es español en dos años. Un marroquí o un chino deben esperar diez años.
Puede que la ley de nietos no decida el nombre del próximo presidente del Gobierno, pero es muy probable que la ley de nietos y esta regularización masiva sí que decidan los nombres de los presidentes del Gobierno de la década de los 30. Son dos millones y medio por un lado y otros dos millones por el otro. En las últimas generales, el PP obtuvo 8.091.840 votos. El PSOE, 7.760.970. Y Vox, 3.033.744. O sea que el partido de los nietos del PSOE y sus menores no acompañados sería la tercera fuerza política. ¿Quién podría pensar en el interés electoral?
El drama es que hasta la derecha más bestia, la superultraderecha extrema sin complejos ni leches, el fascismo en su versión más degenerada, el mal total y absoluto, no concibe que a Pedro Sánchez se le pueda ocurrir vulnerar el resultado de las urnas por métodos más directos que todos esos follones legales y burocráticos. Que la ley de nietos ayuda es evidente.
En las últimas elecciones autonómicas andaluzas, María Jesús Montero ganó los comicios en el apartado del voto procedente del extranjero. Sí. Se llama voto CERA por Censo de los Electores Residentes Ausentes que viven en el extranjero. En ese conteo, el PSOE le ganó al PP por 6.703 votos a 6.307. Muy insuficiente para acabar con Moreno Bonilla. Un experimento fallido. Pero por el buen camino. En cualquier caso, nada que un machote como Pedro Sánchez contemple como plan A para las próximas generales.
