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Clásicos veraniegos: los chivatos del catalán

Aliança Catalana, de Sílvia Orriols, busca representar a todos esos catalanistas dispuestos a montar un Vietnam lingüístico.

Aliança Catalana, de Sílvia Orriols, busca representar a todos esos catalanistas dispuestos a montar un Vietnam lingüístico.
Europa Press

Con las altas temperaturas se disparan las controversias lingüísticas en Cataluña. Es un hecho climático e idiomático indiscutible. El calor excita el afán pendenciero del sector filológico del independentismo, se agotan las hojas de reclamaciones y se disparan las quejas ante la Consejería de Política Lingüística, la Agencia Catalana del Consumo, la Sindicatura de Agravios y el Defensor del Catalán de cada Diputación, Ayuntamiento y Consejo Comarcal.

En catalán se llama busca-raons (razones) al que va por ahí buscando follón, tratando de perturbar el buen ambiente, provocando malentendidos. El típico buscapleitos. Y ese tipo de personaje alcanza su mayor grado de excitación a 40 grados a la sombra. Los camareros que no entienden el catalán, las dependientas que no hablan catalán, los mensajeros que se creen que Cataluña es España, las señoritas que hacen uñas en vez de ungles, los taxistas y todos aquellos gremios cara al público son las presas de quienes se niegan por sistema a hablar español. Estamos ante el ciudadano independentista que no está dispuesto a tolerar que una dependienta de heladería recién llegada de Argentina no sepa que maduixa es fresa en catalán. O que no haya una versión de la carta en catalán en su kebab de referencia.

Es un clásico de todos los veranos. Esas denuncias de famosillos regionales sobre el riesgo vital de la lengua de Pompeyo Fabra porque alguien que enlaza contratos temporales no supo, pudo o quiso atender al personaje en catalán. Rollo tú no sabes con quién estás hablando. Y se han persuadido a sí mismos de que el catalán está en vías de extinción. La profecía autocumplida.

La semana pasada fue noticia en los medios catalanes que una empleada de un coworking había sido despedida por hablar catalán. Gran escándalo. Todo el mundo relacionado con esa empresa fue puesto en la diana de las redes sociales por el catalanismo en pleno. Una directiva de la compañía aclaró que no había sido despedida por hablar catalán, sino por negarse a hablar en español. ¿Qué creen que pasó a continuación? No, los denunciantes no rectificaron. Al contrario, les pareció tener más razón. Siempre es así.

La última sensación de la política catalana, la Aliança Catalana de Sílvia Orriols, busca representar a todos esos catalanistas dispuestos a montar un Vietnam lingüístico en cada comercio que incumpla las severas normas lingüísticas de la Generalidad. De ahí que algunos de sus militantes se enorgullezcan de denunciar a los comercios cuyos carteles no están escritos sólo en catalán. Más de dos mil establecimientos han sido señalados, delatados y denunciados ante la Generalidad por activistas de Sílvia Orriols y su candidato en Barcelona, el acaudalado joven Jordi Aragonès.

Presumen de chivatos. En una de las grandes capitales mundiales del crimen, de los perros sueltos, de los pisos por las nubes, del turismo, de la islamización y del ciclismo la gran esperanza blanca del catalanismo va por ahí inspeccionando letreros. Y meten en el mismo saco a los de una mezquita salafista que a los de una tienda de empanadas argentinas. Acabarán fichando a Carles Puigdemont.

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