
Que un ministro del Gobierno de España cuestione la forma de Estado es grave, aunque ese ministro sea el pobre Óscar Puente, el titular de la cartera de Adamuz. Ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le ha desautorizado ni ningún ministro ha puesto objeción alguna a los ataques de Puente al Rey. Con Ceuta en primer plano, las andanadas tuiteras del exalcalde de Valladolid son una cortina de humo y algo más. El PSOE de Pedro Sánchez está dispuesto a cargarse la Corona sin contemplaciones ni miramientos. No es un aviso, es una declaración de guerra contra la media España a la que odian. Así se las gastan en Ferraz y en la Moncloa.
Dicen que Óscar Puente tiene grandes aspiraciones, que se ve de sucesor de Sánchez. Es posible. Ahí están Rodríguez Zapatero y el propio Sánchez para corroborar que todo es susceptible de empeorar y degradarse. Hablamos del partido de Koldo y Leire, de las saunas y las sobrinas, el partido de los que han dejado tirados a ochenta mil españoles en Ceuta. Es probable que la única posibilidad de que no se pudran en la cárcel sea reventar la democracia, la monarquía y España.
Son socios de Otegi y de Puigdemont, de ERC y el PNV, de los comunistas más rancios y asilvestrados de la vieja Europa, de los regionalistas más canallas, lo peor de cada casa. Así que los regüeldos de Puente encajan perfectamente con el objetivo de llegar a las próximas elecciones en un irrespirable ambiente guerracivilista, en medio de la típica crispación que tanto favorece al PSOE. Que el riesgo de bofetadas sea real espolea a los más cobardes. Es el caso de Puente. Y el del galgo, claro. Piensan que de alguna manera tienen que eludir el cerco de la Justicia, por lo que están dispuestos a todo con tal de no perder el poder. Y todo no significa sólo que vayan a movilizar el voto de los bisnietos muertos de los abuelos no nacidos emigrados a la Argentina entre el Desastre del 98 y la pandemia.
Ceuta, mientras tanto, es una vergüenza mundial, una prueba irrefutable de la mediocridad y mendacidad de Sánchez y sus ministros, de su frivolidad, de su incompetencia, de su inmensa traición a los ciudadanos de Ceuta, abandonada a su suerte cuando debería ser la capital de España. Pero, ojo, que a Puente no le encaja en su "concepto de democracia" que a Felipe VI le hagan fotos en los pasillos. ¿Y Ceuta? ¿En qué concepto de democracia le encaja lo de Ceuta?
