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Sergio Campos

Sin noticias de la Gran Coalición

De momento ni Olaf Scholz ni Armin Laschet han hablado públicamente de la posibilidad de crear una nueva 'Große Koalition'.

De momento ni Olaf Scholz ni Armin Laschet han hablado públicamente de la posibilidad de crear una nueva 'Große Koalition'.
Olaf Scholz, candidato del SPD. | EFE

La sombra de Merkel es alargada. Ninguno de los candidatos que se presentaban a las elecciones alemanas logró ahuyentarla antes de este domingo, ni por carisma ni por la audacia de sus propuestas, que apenas asomaron la cabeza en los debates de las últimas semanas. El SPD, el partido socialista, ha ganado con un ajustado 25,7% de los votos, y ha aprovechado el hundimiento de la agrupación CDU, Unión Demócrata Cristiana, y CSU, Unión Social Cristiana, con un 24,1%, para considerarse el legítimo líder de un Gobierno que podría formarse antes de finales de año.

La victoria del SPD de Olaf Scholz demuestra algo que en España resulta mitológico: la fuerza de la Große Koalition, la Gran Coalición entre los principales partidos de izquierda y derecha, una entente que demostraría hasta qué punto están limadas las aristas de ambas concepciones políticas, cuáles son las posibilidades que tienen los acuerdos básicos en democracia y dónde se sitúan los grupúsculos más extremistas, relegados a un gallinero donde los aspavientos son la única manera de afianzar su electorado, mantener su presencia en el Parlamento y recaudar fondos públicos.

Hasta ahora se pensaba que el papel secundario del SPD en las últimas coaliciones impediría que superaran a los democratacristianos. La primera Gran Coalición entre SPD y CDU/CSU, fuera del ensayo germinal de 1966, fue la que llevó al poder a Angela Merkel tras la espantá de un Gerhard Schröder vendido al gas ruso. Aquella coalición se deshizo tras la crisis de 2008. Un año después, los electores decidieron que a la izquierda no se le dan bien las cuentas, y los encargados de sacar al país del agujero económico fueron la CDU/CSU y los liberales del FDP (Partido Democrático Libre).

La Gran Coalición volvió a formarse en 2013 y ha durado hasta este fin de semana. Por el momento. La mayoría se consigue con 368 diputados, y la unión entre SPD y CDU/CSU tiene 402. Fuera de esta posibilidad, existen otras, ordenadas de mayor a menor número de diputados:

– La coalición Kenia agruparía el rojo del SPD, el negro de la CDU/CSU y el verde de los ecologistas (520 escaños).

– La coalición Alemania incorporaría 494 diputados del rojo del SPD, el negro de la CDU/CSU y el amarillo de los liberales.

– La coalición Semáforo, con el rojo del SPD, el verde de los ecologistas y el amarillo de los liberales, reuniría 416.

– La improbable coalición Jamaica ondearía la bandera del negro CDU/CSU, el verde ecologista y el amarillo de los liberales, con 406 diputados y expulsando del Gobierno a los socialistas, ganadores de las elecciones.

Por muy poco margen queda fuera la coalición Rojo-Verde-Rojo, o sea, roja de principio a fin, que uniría a socialistas, ecologistas y los comunistas de Die Linke (literalmente, La Izquierda, como si solamente hubiera una, grande y por supuesto lo más alejadamente posible de lo libre). Esta reuniría a 363 diputados, a cinco de la mayoría absoluta. El engendro no hubiera resultado descabellado. De hecho, es el que gobierna en Berlín, con pequeñas variaciones, desde las elecciones de 2001, ocurridas solo doce años después de la caída del Muro.

Habría sido interesante destripar las justificaciones del SPD para la formación de la coalición roja, pero por fortuna las combinaciones son otras. Eso sí, de momento ni Olaf Scholz ni Armin Laschet, el candidato de la CDU, han hablado públicamente de la posibilidad de crear una nueva Große Koalition, en la que esta vez los democratacristianos quedarían relegados al papel de segundones.


Sergio Campos, escritor español residente en Alemania. Autor de En el muro de Berlín.

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