Menú

La nueva servidumbre de la gente

Se está extendiendo una nueva servidumbre que es tan perfecta y acabada que pocos de sus siervos saben que lo son.

Se está extendiendo una nueva servidumbre que es tan perfecta y acabada que pocos de sus siervos saben que lo son.
Pedro Sánchez comparece tras su reunión con Gustavo Petro. | EFE

Bajo las peroratas sobre la democracia y la libertad, lo que resulta evidente es que se está extendiendo una nueva servidumbre que es tan perfecta y acabada que pocos de sus siervos saben que lo son. El siervo perfecto es el que cree que es libre. En su Camino de servidumbre, el liberal Hayek consideraba que no hay otro camino para evitar la servidumbre que oponerse al colectivismo y el totalitarismo. Hay quien ha considerado el liberalismo como un destino del Occidente prefigurado en la Edad Media europea pero la realidad, y ya lo precisó Ortega, es que condujo a la conformación de unas masas desinformadas y fácilmente manipulables. Ya sabemos que la libertad no es un destino que nos facilite el tráfico histórico, sino una voluntad, un deseo, el modo más humano de vivir.

La erección de superpoderes políticos y administrativos son incontrolables para los ciudadanos —salvo un día, el de las votaciones periódicas, tras las cuales los individuos vuelven a no poder hacer nada ante la catarata de leyes, decretos u órdenes que van limitando sus circunstancias vitales hasta las siguientes elecciones (que se suponen limpias, aunque dudas hay)—. En la Edad Media se quejaban los siervos de los diezmos y primicias que habían de pagar a la Iglesia, a los señores feudales y a las monarquías emergentes. Hoy un ciudadano español paga casi el 50 por ciento, tal vez más, de la riqueza que consigue ganar con su esfuerzo.

Pero centrémonos en dos ilustraciones bien sencillas. Uno, relativo a la servidumbre económica y otro a la servidumbre política.

Técnicos habrá que cuantifiquen con precisión lo que sigue, pero revisando las cuentas de este verano he percibido que, entre energía eléctrica, agua y combustible para vehículos pago mensualmente más del 15 por ciento de la pensión que cobro tras cuatro décadas largas de trabajo y máximas cotizaciones. Otros más desfavorecidos pagan mucho más. Lo curioso es que la burocracia estatal, nacional y europea, y las empresas oligopólicas a las que pago me han sometido a contratos de adhesión de los que no puedo escapar. Los precios están fijados por los gobiernos que aprovechan la jugada para quedarse con suculentos dineros en forma de impuestos. Ni siquiera son capaces de asegurarnos el suministro de estos servicios básicos para la vida. ¿Cómo y para qué ser libres y demócratas sin electricidad, agua y combustible? Únase la inflación superior al 10 por ciento y se tiene una visión de lo que hemos perdido. No es de extrañar que vaya extendiéndose el desinterés por la cosa pública cuando ya nada se entiende ni se explica con claridad, y cuando los asuntos propios que nos agobian son las necesidades básicas del bienestar familiar.

El otro ejemplo reside en la detención ayer mismo del opositor ruso al régimen de Putin, Leonid Yakovlevich Gozman, por atreverse a comparar a Stalin con Hitler. Gozman firmó en 2014 una declaración que exigía la retirada de las tropas rusas del territorio ucraniano y que Putin dejara de financiar a los separatistas que buscaban trocear a Ucrania dando opciones a Rusia de recuperar lo que considera territorio propio. Se dirá que eso es algo que no pasa en la Europa de la que formamos parte y que no puede ocurrir en España.

Pero tómese nota que la detención se ha basado en una ley aprobada en la Duma estatal que prohíbe destacar la identidad de la URSS y la Alemania nazi. Otra ley de memoria histórica. O sea, que señalar las semejanzas de quienes fueron socios y aliados en los comienzos de la II Guerra Mundial con millones de muertos a las espaldas y tiranías similares, es difamar al Ejército Ruso, una calumnia contra la gran Guerra Patria y deshonrar a los abuelos y bisabuelos. Así lo ha dicho la coautora del proyecto de ley, la presidenta del Comité de Cultura, Elena Yampolskaya.

En España se tiene la Ley de Memoria Democrática que, si bien no contempla la pena de prisión para quienes disientan de su ficción histórica, sí que contempla multas de hasta 150.000 euros. Son infracciones muy graves decir en público lo que se cree que ocurrió y que condujo a la Guerra Civil. Ya estamos en el servil camino, no de la verdad, sino de imponer un relato de parte, condenando sólo al franquismo y evitando un examen de conciencia.

Aspira Pedro Sánchez a ser desde ahora el líder del partido "de la gente". No lo será de la gente normal, de la gente de a pie, de la gente currelante y cotizante, nuevos siervos, si no lo remediamos. Lo será de la burocracia de su partido, de los burócratas del separatismo catalán, de la BilduEta, y de la casta de comunistas desenmascarados de un Podemos que ya no puede. Esa es su gente, la que lo sostiene, la que lo necesita.

La gente que aún cree en la libertad como destino tiene una vía para cortar por lo sano este camino de servidumbre: echar del gobierno cuanto antes a Pedro Sánchez y a su gente.

En España

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj