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No sólo soberbia

¿Por qué el presidente no añade, a las muchas que nos ha colado, una mentira más en relación al cambio de política respecto a Marruecos?

¿Por qué el presidente no añade, a las muchas que nos ha colado, una mentira más en relación al cambio de política respecto a Marruecos?
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en el pleno del Congreso este miércoles. | EFE

Todos los políticos mienten. A veces porque deben, pero la mayoría de las ocasiones lo hacen para ocultar sus errores o debilidades o proteger su reputación electoral. Sólo se desdicen ante la evidencia y no siempre. En España, las mentiras además dan rédito porque el político disfruta absurdamente de la presunción de veracidad hasta que los tribunales, con todos los parabienes procesales, no establecen una verdad judicial. Y si todos mienten, Sánchez lo hace con profusión. Atribuye incendios provocados al cambio climático. Promete cosas que sabe que incumplirá. Se inventa actos oficiales para viajar con cargo al erario público a eventos privados. Dice respaldar a Ucrania mientras compra más gas ruso que nunca. Y así recita mentiras enlazadas unas con otras como las cerezas.

Bien. Entonces, ¿por qué el presidente no añade a las muchas que nos ha colado una más en relación al cambio de política respecto a Marruecos? En la última sesión en la que ha descendido a dar explicaciones al Congreso le han preguntado unos y otros por ese cambio y se ha negado a contestar. El empeño en no atender las cuestiones de nuestros representantes ha incluido negarse a desmentir la información que asevera que su ministra de Exteriores fue destituida por orden del rey de Marruecos. Qué trabajo le habría costado decir que no, que la había echado él por una sobrevenida "pérdida de confianza", como mintió Grande-Marlaska cuando destituyó al coronel Pérez de los Cobos. No habría despejado ninguna duda, pero al menos habría contestado, que es su obligación, con un argumento irrebatible, que la quitó porque le dio la gana tal y como tiene perfecto derecho constitucional a hacer.

Con lo de Marruecos pasa algo parecido. Hasta Albares habría sido capaz de preparar una respuesta más o menos elaborada que contestar. Podía haber explicado que los cambios geopolíticos mundiales, el nuevo papel de España en el centro del tablero internacional, el giro más agresivo dado por la Rusia de Putin, la nueva posición de Estados Unidos respecto del Sáhara Occidental, el aislamiento diplomático del Frente Polisario, el interés de España en tener unas relaciones amistosas con Marruecos, la conveniencia de aprovechar el empeoramiento de las relaciones del reino alauí con Francia añadiendo un manojo de argumentos vacíos más para terminar diciendo que todos ellos aconsejaban un cambio en la actitud española. O también podía haber dicho que tan sólo había habido una carta dirigida al rey de Marruecos que a nada comprometía y que el reino de España no ha asumido ninguna nueva obligación respecto del conflicto del Sáhara puesto que no se ha firmado ningún acuerdo ni tratado internacional que, de haberse suscrito, habría sido presentado para su ratificación a las Cortes.

¿Por qué no ha hecho nada de esto? Porque es un soberbio, por supuesto. ¿Pero hasta el punto de ponerse en evidencia y permitir, por falta de respuesta, que internet se pueble de bulos con los que explicar su sumisión al sultán? Claro, porque además de soberbio, es tonto. No lo parece tanto porque la mala índole tiende a ocultar la estulticia. Pero, en este caso, la idiocia es palmaria.

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