El abrupto, obsceno y fundamentalmente antidemocrático nombramiento de Dolores Delgado como fiscal de Memoria Democrática es el broche de oro de la degradación de las instituciones perpetrada por el sanchismo con inusitada saña. Parecía que tras episodios como el del asalto al Tribunal Constitucional no se podía caer más bajo, pero tratándose de Pedro Sánchez cualquier cosa, siempre que sea peor, es posible.
El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, ha llevado a cabo una tropelía sin precedentes, cosa francamente difícil en un órgano como el ministerio público, sometido por Sánchez a sus designios más torticeros, sin escrúpulo alguno, sin miramientos, sin el más mínimo disimulo. De modo que estamos ante otra obra maestra de la vocación totalitaria del socialismo sanchista, un atropello que reitera el sesgo autoritario y el desprecio más descarnado por las formas, el fondo y los procedimientos de la democracia y la separación de poderes.
En medio del zafarrancho de combate organizado por Pedro Sánchez tras perder las elecciones del pasado 28 de mayo, el nombramiento de Delgado supera en ignominia el maltrato y las afrentas a la Guardia Civil, cuya directora, Mercedes González, deja el cargo tras sólo dos meses de ejercicio para concurrir en las listas del PSOE. Y mientras tanto el coronel Diego Pérez de los Cobos espera su restitución después de que la justicia haya desautorizado al ministro Marlaska y sus canalladas.
Las asociaciones de fiscales ya han anunciado que piensan elevar sus protestas y denuncias ante la Unión Europea, que incidentes como el del Fiscal General y el nombramiento de la exministra de Justicia y ex Fiscal General Dolores Delgado son indiciarios del alto riesgo que corre la democracia en España, de la peligrosa deriva del sanchismo en el ámbito del poder judicial y de la ausencia de límites y contrapesos en las actuaciones de sus representantes, afines y secuaces.
No respetan nada. Ni el papel de la Corona, ni a los jueces y fiscales, ni al Tribunal Constitucional, ni al Supremo, ni al de Cuentas, ni a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ni los consensos en materia de relaciones internacionales, por citar tan sólo unas pocas áreas sensibles del Estado. Sánchez considera que no hay nada más importante que su voluntad y ejerce el poder de manera absolutamente despótica y antidemocrática.
De ahí la necesidad de inundar las urnas de votos para el cambio el próximo 23 de julio. Si Sánchez logra mantenerse en el poder, cosa que sólo será posible por la desmovilización del electorado de centro y el conservador más el concurso de los partidos que pretenden quebrar la democracia en España y a la propia Nación, nombramientos como el de Delgado, fruto del desprecio por las mayorías, dejarán de ser noticia para convertirse en el día a día de un Gobierno absolutamente ilegítimo, antidemocrático y antiespañol.

