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¿Y tú me lo preguntas? Proyección... eres tú

O es el caradura más grande que ha parido madre, o estamos ante un envilecido personaje escapado de un psiquiátrico.

O es el caradura más grande que ha parido madre, o estamos ante un envilecido personaje escapado de un psiquiátrico.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Se pavoneó en La SER, se dejó pelos en la gatera de El Hormiguero, pero fue en la entrevista con Ana Rosa Quintana donde se mostró como el típico hijo único malcriado, consentido y repelente al que nadie le ha dado un sopapo a tiempo.

Tras el debate con Feijóo es ocioso hablar de política o escarbar en las obscuras y sesudas estrategias que los asesores se curraron para que él se las pasara por el forro. No perdió los papeles, nunca los ha tenido. Así que en lugar de diseccionar el origen de su ruina frente a Núñez Feijóo, sería mucho más provechoso aprovechar la charlotada para aplicarle argumentos ad hominem como símbolo de profundo desprecio a su negación de la política. Al fin y al cabo, todos los problemas políticos que ha provocado a las instituciones democráticas españolas en estos cinco años provienen, más que de su acción política, de su personalidad sospechosa.

No iba mal encaminada Rosa Díez cuando le aplicó al "Caudillo Sánchez" los tres ingredientes de cualquier carácter maligno: el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo. Lo que los psicólogos Paulhus y Kevin Williams nombraron como la tríada obscura. Califiquémoslo con el verbo corrosivo de su excompañera de partido. Un individuo maquiavélico se caracteriza por la sed de poder, la frialdad, el egoísmo, la manipulación, la amoralidad, el enmascaramiento de sus pulsiones, la propensión al engaño y el bajo compromiso ideológico. El narcisista es el vanidoso que actúa con arrogancia, se sobrevalora y desprecia a los demás. Siendo incapaz de aceptar crítica alguna, se revuelve de forma agresiva y rencorosa. Y el psicópata, que se comporta con insensibilidad, pobreza afectiva, ausencia de remordimientos y culpa, crueldad y nula empatía con los demás.

Tras estas caricias de gata escarmentada, sería conveniente centrarse en su ensimismamiento. Pedro Sánchez se mostró en la entrevista con Ana Rosa como el chulo prepotente que entra en cualquier discusión como si fuera dueño de la verdad. Uno le escucha y llega a la conclusión de que es incapaz de admitir un error, reconocer una mentira o la posibilidad de que el oponente posea virtud alguna. Para él no hay lugar para la reflexión, el intercambio de puntos de vista o de debate racional, por muy nimio que éste sea. Muy al contrario, manipula los hechos, incluso distorsiona el lenguaje para determinar el orden del discurso. Ana Rosa sólo tenía opiniones, frente a sus inapelables hechos; los demás manipulan y mienten, él dice la verdad y, en el límite de la impostura, sus mentiras son un simple cambio de postura obligado por las circunstancias. El jamás es responsable del revés. Vamos, un lechado de virtudes que los contrincantes son incapaces de aceptar por miserables y malintencionados. Lo más parecido al repelente niño Vicente, aunque en este caso, no respeta ni a las personas adultas. Como el maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela. O al menos así se muestra cuando no tiene empacho en llamar mentirosos a los demás y zanjarlo con el mecanismo de defensa de la proyección. Inaudito, el periodista mordiendo al perro.

De "una sarta de mentiras" calificó el debate de Alberto Núñez Feijóo. Embarrar el terreno de juego para cegar a un enorme porcentaje de ciudadanos. Ya que sus mentiras son inapelables, enfanga el cambio de golpes para cubrir con su lodo a todos los contrincantes. Y sin inmutarse.

Hay algo en él, diabólico. O es el caradura más grande que ha parido madre, o estamos ante un envilecido personaje escapado de un psiquiátrico. Y si quieren que les diga la verdad, no sabría por cuál decantarme.

Lo único cierto ante un personaje de esta calaña es lo que ha dejado por escrito el catedrático de Derecho Constitución, Francesc de Carreras en el artículo, ¿Por qué no voy a votar a Sánchez?: "Antes que socialista soy demócrata" […] "Sánchez no sabe gobernar acatando las reglas democráticas. Es un tipo peligroso", […] "Nunca votaré a un partido socialista encabezado por un líder que se alía con populistas y nacionalistas con el simple objetivo de alcanzar el poder. Nunca".

¿Qué es proyección?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es proyección? ¿Y tú me lo preguntas?
Proyección... eres tú.

Que me perdone Gustavo Adolfo Bécquer

PD: Sus berrinches y rabietas frente al adulto en el debate le dejaron en pelotas ante todo el pueblo español. De 92 a 68.

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