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Mario Garcés

El "EnSánchez"

Sánchez ha convertido la política en una simbiosis entre "El señor de las moscas" y "Los juegos del hambre".

Sánchez ha convertido la política en una simbiosis entre "El señor de las moscas" y "Los juegos del hambre".
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (d), y la presidenta del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, Ana de la Cueva (i), asisten a la inauguración de la Galería de las Colecciones Reales. | EFE

Por muchos esfuerzos especulativos de argumentario que se elaboren, la derecha sociológica española padece los síntomas propios de una mala digestión. Es natural que todo votante responsable del PP y de VOX se plantee cuáles son las causas de esta acidez en el esófago. Incluso los hay que cruzan acusaciones directas estigmatizando la utilidad del voto e injuriando al votante de la otra formación. Intuyo que es una mala dosificación de la medicina para reparar la gastroenteritis porque hay que ser muy mediocre para faltar al respeto de un votante de cualquiera de los dos partidos.

La política debería ser el arte de la convicción, la persuasión y de la disuasión pero no del insulto a quien no se ha convencido. Si un votante ha decidido no mostrar su apoyo a un partido entre las dos organizaciones de la derecha española, no se convierte automáticamente en un lerdo. Probablemente lo que nos puede convertir en lerdos, cualquiera que sea la formación política, es la incapacidad para aceptar que nos hemos podido equivocar o que no hemos sido consistentes como partidos a la hora de persuadir con nuestros principios o con nuestras tácticas electorales al votante potencial.

Advertido había quedado en artículos anteriores que Sánchez era un jugador contumaz y que, desde la pura teoría de los juegos, era un rival peligroso. Sánchez ha convertido la política en una simbiosis entre "El señor de las moscas" y "Los juegos del hambre", un entretenimiento de calamar donde la supervivencia está en liza. Un jugador proyecta sus movimientos a la vista de sus posibilidades. Y así fue como pronto Sánchez comprendió que ante un repliegue en votos del Partido Socialista Obrero Español, una pieza maleable en sus manos, tenía que crecer a base de polarizar la política española. No tuvo reparos en constituir un sucedáneo, llamado "Sumar", que le permitía ensancharse a la par que soltar el lastre de la comunión de intereses con el decadente Podemos.

En las grandes ciudades, un ensanche está formado por terrenos edificables a las afueras de una población, planificado mediante un urbanismo ordenado. Sánchez se convirtió un buen día en un urbanista de la nueva izquierda porque atisbó antes que nadie que debía crecer en el extrarradio, en el arrabal de Yolanda Díaz y en las periferias de los nacionalistas destituyentes de toda laya. Sin escrúpulos como un voraz jugador. Por otro lado, el ensanche político jugaba a su favor en País Vasco y en Cataluña principalmente, allí donde la derecha constitucionalista sufre. Y así lo hizo. Una vez ensanchado su ámbito de afección, le quedaba esperar el error del rival. Y lamentablemente esos errores se han producido, cuando la mayoría eran evitables. La izquierda española se moviliza rápidamente cuando se excitan algunas sensibilidades a flor de piel. Y así fue.

Sánchez pronto comprendió que el antisanchismo funcionaba como un bloque uniforme que solo se podía compensar con un flujo de fuerza mayor, el único que podía enardecer a la izquierda desalentada: la amenaza de una derecha regresiva. Esas fricciones aparentes que alimentan a la izquierda se podían producir en cualesquiera de los gobiernos autonómicos y locales. Y allí fue donde la izquierda colectivista de la cultura y del igualitarismo encontró el camino. Si ante episodios irrisorios, y otros no tanto, se ha desatado la ira evangelizadora de la cultureta de la izquierda bardemiana y del mercadeo del igualitarismo, habrá que concluir que la derecha española no ha sido capaz de hacer frente, desde la ideología y desde la persuasión, a la respuesta impulsiva de esa izquierda pertinaz y reconocible. Y les han bastado cinco semanas. Así ha sido como Sánchez ha crecido, como un zampón de plástico capaz de devorar cualquier alimento que le permita sobrevivir, gracias a su habilidad inmoral como urbanista para el ensanche político y gracias a los errores prescindibles de sus rivales. El "EnSánchez".

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