Menú
Mario Garcés

Óscar Puente, el peor pero no el único

Haríamos bien en analizar las causas del advenimiento de esta nueva estirpe de profesionales ligados inseparablemente a la política.

Haríamos bien en analizar las causas del advenimiento de esta nueva estirpe de profesionales ligados inseparablemente a la política.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. | Europa Press

En la noche de los Óscar, Puente no estaba nominado. Y no le faltaban méritos al ministro porque como actor de reparto no tiene precio. El recio vallisoletano es el eslabón perdido entre la teoría evolucionista de Darwin y el lombrosismo criminológico, una especie aturdida entre el "homo erectus" y el "homo digitalis". A decir verdad, no es el único en la fronda de colonos políticos en España, aunque manifiestamente es el peor, al menos momentáneamente. Y como no es el único, se mire a derecha o a izquierda, haríamos bien en analizar las causas del advenimiento de esta nueva estirpe de profesionales ligados inseparablemente a la política, que ya no tienen reparos en exhibir impúdicamente su naturaleza rudimentaria y tribal.

La política nacional, y no me refiero únicamente a Puente, se ha convertido en una insufrible lluvia de meteoritos emocionales e irracionales que destrozan cualquier intento básico de raciocinio. Todo es delirante. Se dice en las redes y ya está, sea o no sea cierto. Y Puente, como otros, se enredan como atunes. La nueva gramática parda de las e-mociones en red ha dado paso a un "homo digitalis" acrítico y, por tanto, irresponsable, que se refocila en el lodo de la astracanada y de la vulgaridad.

Cuando se observa, entre el pánico ambiental y la rutina de lo absurdo, a dónde se ha llegado, solo se puede concluir que pensar críticamente y hacer oficio de ese pensamiento es un deporte de riesgo entre tanta mediocridad. La democracia igualitarista del mediocre lleva a nivelar a todos acomodaticiamente, porque el mediocre solo sabe organizarse en torno a más mediocres. Y cada vez son peores. Además, en el país de los zoquetes, el mediocre no aspira a convencer sino a tener razón, sea lo que sea hoy la razón.

El mediocre consume palabras vacías, lenguaje insulso, convenciones semánticas que atacan el más básico instinto racional. Y en este proceso de degradación supina, los partidos políticos han sido cómplices por fomentar la profesionalización mediante un sistema de promoción interna del superviviente, y porque han renunciado a seleccionar a los mejores en favor de supérstites que se han hecho fuertes internamente.

La autocracia representativa de Sánchez está basaba también en un régimen político de sentimientos. Las emociones siempre han acompañado al poder, del mismo modo que el poder produce sentimientos. El poder político fabrica, desde su monopolio, sentimientos dominantes para después distribuirlos con el fin de que sean consumidos. El problema de Sánchez es que la máquina ha colapsado. El sentimiento mórbido en torno a los conceptos de reconciliación, diálogo o perdón son el "koldo" de cultivo de la seudociencia socialista de la política. Pero no son los únicos. Si tomamos como referencia los principales partidos políticos en España desde la Transición, para muchos de sus gregarios, el partido es una combinación variable de amor a una idea política muchas veces difusa y variable, de aversión a tu rival como instrumento de persuasión, y de una turba de fotografías y vídeos en red para expresar tu apoyo incondicional al jefe de la tribu. ¿Puede alguien decirles que dejen por unos días de hacer el ridículo en redes sociales?

A lo largo de la última semanas de triste calamidad política, tanto la resignación como la agresividad se han manifestado tecnológicamente, respondiendo, en muchos casos, y de modo inconsciente, a una táctica de construcción de inquietudes colectivas. Un verdadero mercado de sentimientos al servicio del poder político.

Si el Siglo de las Luces fue el siglo de la ilustración y de la razón, el siglo de los móviles de última generación y de las redes sociales es el siglo de la ofuscación y de la turbación. Nada es lo que parece, nada es lo que es y nadie es lo que dice ser. Pero parece ser, por parecer, que todo da igual, porque gana quien da más, más mentiras. Hay mentiras arriesgadas, aunque el riesgo comienza a ser un entretenimiento de fin de semana sin pena ni condena. Al menos, que alguien le quite por unas horas el móvil a Óscar Puente. Con el tiempo, él mismo lo agradecerá.

Temas

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Biblia Ilustrada
    • Libro
    • Curso