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Llora por ti, Argentina

Los argentinos son excesivos para todo; también para tropezar con la misma piedra una y otra vez durante un siglo prácticamente ininterrumpido.

Los argentinos son excesivos para todo; también para tropezar con la misma piedra una y otra vez durante un siglo prácticamente ininterrumpido.
El candidato Sergio Massa. | Cordon Press

La inflación desbocada, corrupción política sistemática y la propagación exponencial de la pobreza en todo el país no han sido argumentos suficientes para expulsar a los peronistas de la política argentina para siempre, que hubiera sido lo normal. Pero no nos vengamos arriba los españoles, que Zapatero gobernó dos legislaturas consecutivas y Sánchez puede reeditar la hazaña, a poco que la coyuntura política le sea propicia y Puigdemont no haga caso a los loquitos de su partido.

No podemos asombrarnos de lo ocurrido con la primera vuelta de las presidenciales argentinas porque nosotros conocíamos a ZP y le votamos para un segundo mandato. Los argentinos conocen aún mejor a los peronistas y también han votado mayoritariamente a su candidato, porque con ochenta años en el poder no han tenido tiempo suficiente para culminar su proyecto.

Argentina nos recuerda a Andalucía, donde los socialistas gobernaron cuarenta años sin interrupción a pesar del hundimiento sistemático de la región en todos los indicadores europeos de bienestar y prosperidad, pero los argentinos son excesivos para todo; también para tropezar con la misma piedra una y otra vez durante un siglo prácticamente ininterrumpido. Ni siquiera el socialismo andaluz fue tan contumaz.

El ministro de Economía del último gobierno peronista ha ganado en la primera vuelta celebrada el pasado domingo imponiéndose al libertario Javier Milei, que es quien finalmente le disputará la presidencia de la república en menos de un mes. Pierdan toda esperanza: ganará el mayordomo de los Kirchner y el peronismo seguirá imperando en Argentina hasta que ya no queda nada que robar y nadie que corromper. La derecha cainita y sus medios afines serán los grandes responsables de tirar por la borda una oportunidad histórica de devolver a la Argentina al primer mundo, cuyo liderazgo ostentó hasta que los populistas radicales instauraron su régimen, va ya para un siglo. El odio a Javier Milei y la campaña de miedo desatada por tierra, mar y aire ha puesto en bandeja la victoria a los peronistas que, tengámoslo por seguro, no volverán a cometer el error de permitir que un personaje ajeno a la política profesional ponga en cuestión el cotarro kirchnerista y su abrumadora red clientelar.

El 19 de noviembre hay una mínima posibilidad de que los argentinos expulsen del poder al zurderío de mierda (©Milei), pero los milagros, con el peronista Bergoglio en el trono de Pedro, ya no existen. Argentina no se merece acabar así, pero ese es un detalle irrelevante en el curso de la Historia. A partir del mes que viene, si los vaticinios se cumplen, Argentina no llorará más por nadie, como decía la canción. Ni siquiera tendrá lágrimas para llorar por los propios argentinos.

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