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Mario Garcés

De la "fachoesfera" a la "cachoesfera"

En esa esfera inasible, de suma de "cachos", las ideas son prescindibles. Sánchez es un aspirador de "cachos" destituyentes.

En esa esfera inasible, de suma de "cachos", las ideas son prescindibles. Sánchez es un aspirador de "cachos" destituyentes.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una intervención en el Palacio de la Moncloa. | Europa Press

Se van a cumplir 125 años del nacimiento de Jorge Luis Borges. Hay quienes han leído a Borges y lo niegan. Hay quienes no lo han leído pero se proclaman fieles lectores de su obra. Hay quienes han leído a Borges y no lo han entendido. Hay quienes no saben quién es Borges. Y el mismo Borges podría haber negado en cualquiera de sus relatos ser autor de su propia obra.

Ignoro si Pedro Sánchez ha leído alguna vez a Borges y si ha llegado remotamente a comprenderlo. Intuyo que le pega más "Borgen" que Borges. Pero hete aquí que el trujamán de La Moncloa ha tenido una ocurrencia dialéctica, paupérrima intelectualmente, para referirse a la derecha política como "fachoesfera". El ingenioso presidente del Gobierno ha entrado de hoz, coz y martillo en el juego infantilizado de la descalificación bobalicona para nutrir la simiente de las emociones de los más estúpidos. Y no descarto que lo consiga.

Pero puestos a hablar de esferas. traigo a colación la idea que está presente en dos grandes ficciones de Borges: El Aleph y La esfera de Pascal. En ambos casos, la esfera es un ente geométrico "cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna". Aplicado al universo político de Pedro Sánchez, él representa la esfera borgeana por excelencia, sin centro de gravedad definible, por mutante, y con tendencia a expandirse ilimitadamente en busca y captura de todo escaño que le permita mantener su condición de supérstite.

Al albur de la mecánica cambiante del pensamiento de Sánchez, tan irrelevante puede ser saber dónde está su eje y núcleo, como intrascendente es conocer dónde están sus límites, pues no aspira a otra cosa que a absorber por centrifugación el mayor número de apoyos posibles de esos "cachos" que, por coacción, extorsión o chantaje, le facilitan la conservación del poder. La "cachoesfera". En esa esfera inasible, de suma de "cachos", las ideas son prescindibles de modo que el espacio de la esfera de Sánchez es elástico y admite todo tipo de estiramientos si con ellos consigue el mantenimiento del poder político. Sánchez es un aspirador de "cachos" destituyentes.

Por otro lado para Sánchez y su biosfera moral, España ha sido y es un país de fachas, desde los Reyes Católicos, hasta Blas de Lezo y si se tercia, con intermitencias, Emiliano García-Page. En este caso, ya tiene a Óscar Puente para amedrentar al insumiso, ya que no debe estar muy ocupado en su Ministerio al que, al parecer, accedió por su apellido, muy ligado a las infraestructuras. Por su parte, para expulsar culturalmente a los fachas de museos y bibliotecas, hay un ministro con apellido de boxeador de los años sesenta que está dispuesto a hacer justicia poética con nuestro pasado, bajo el fiel de la balanza maniquea de los buenos y de los malos. Al final, van a hacer bueno a Carlos III y su furor antiuterino que le llevó a intentar quemar los cuadros sublimes que contenían desnudos de mujeres. Pues nada, Rubens, Tiziano o Goya deben ser unos trogloditas misóginos que hicieron del arte una exaltación de la violencia machista. Otra idea para el nieto del falangista, que debe tener algún trauma con las colonias que no fueron.

Sánchez, el agregador de "cachos", tampoco ha debido leer El libro de Arena de Borges, cuyo personaje Eudoro Acevedo afirma: "¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos". Puede ser, siquiera como hipótesis, que el Gobierno se haga "cachos", y Sánchez y sus piezas de apoyo tengan que buscar oficios decentes. Curandera es María Jesús Montero, por lo que tiene garantizado el pan nuestro de cada día. Sánchez lo tiene más difícil, pero podría ser cómico, y no le faltarían acompañantes para formar un dúo bilingüe. Sólo hay que esperar que España no se haga "cachos", y no va a ser difícil habida cuenta de la perseverancia del presidente.

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