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Santiago Navajas

España no es país para españoles

Uno de los más grandes problemas de España es esa incapacidad para asumir y celebrar la propia historia, contaminada por la leyenda negra de origen anglosajón.

Uno de los más grandes problemas de España es esa incapacidad para asumir y celebrar la propia historia, contaminada por la leyenda negra de origen anglosajón.
El exministro y eurodiputado José Manuel García-Margallo. | C.Jordá

En un programa de la RTVE, dirigido por la periodista Silvia Intxaurrondo, se dirime por votación popular quiénes son los españoles más importantes de la historia. Se mezclan entre los candidatos seleccionados a Emilio Aragón con Diego Velázquez. Al fin y al cabo es solo un programa de entretenimiento. Pero, con todo, significativo del estado mental generalizado de los españoles respecto a su cultura, su historia, su país y sus referentes.

La tertuliana Mercedes Milá despotricaba contra Hernán Cortés como si estuviese hablando de cualquier chichiribaile de sus programas de cotilleo. Con voz aguardentosa, Milá describía a Cortés como un asesino machista, "un villano", sentenciaba, que arrasó a los aztecas, a los mayas. "Con lo que eran los aztecas y los mayas…", decía horrorizada la expresentadora de Gran Hermano. En el plató se encontraba el exministro del PP José Manuel García-Margallo, que les dio una pequeña lección sobre lo que fue Hernán Cortés, uno de los más extraordinarios hombres que jamás han existido, no solo en España sino de toda la historia universal.

Como los buenos españoles que en el fondo son, gran parte de los mexicanos también detestan a Hernán Cortés, al que tienen olvidado en una tumba medio escondida en una pequeña iglesia de Ciudad de México. Prefieren a Moctezuma y Cuauhtémoc antes que a Cortés y Malinche, que es como querer a uno solo de los cromosomas de cada par. Uno de los más grandes problemas de España es esa incapacidad para asumir y celebrar la propia historia, contaminada por la leyenda negra de origen anglosajón, la permanente campaña de la izquierda resentida contra lo que consideran un país equivocado, de tradición católica y monárquica, y, como la guinda de la tarta antiespañola, los nacionalismos periféricos orientados al golpismo y al terrorismo.

El primer finalista de la primera ronda es Federico García Lorca, que vence en la votación popular a Goya y Fernando Alonso. Del escritor granadino se celebra en la web del programa todo lo que era, excelente poeta, grandísimo dramaturgo, así como sus temas, de la luna a las aceitunas, pero se "olvida" su pasión por la tauromaquia y su patriotismo sin complejos. Tampoco se menciona que sus referencias a los gitanos y a los mariquitas no son bien vistas por la progresfera sanchista, valga la redundancia, que lo incluiría en la fachosfera españolista. Margallo, que está de vuelta de todo, aprovecha para soltar una bomba termonuclear que le congela la sonrisa a Intxaurrondo y ahoga en bilis a Milá: según declaró su amigo Luis Rosales a Ian Gibson, en una entrevista grabada sin que el poeta lo supiera, Lorca era partidario en aquel verano del 36 de una dictadura militar que acabase con la orgía de violencia en la que había caído la República. El testimonio de Rosales lo guardó bajo siete llaves Gibson, hasta que Ruiz Barrachina lo hizo público sin contar con el consentimiento del biógrafo irlandés. Gibson no daba credibilidad al testimonio de Rosales, lo que resulta paradójico porque este último le dice que lo negaría todo si se llegase a hacer público su declaración.

No sé qué es peor, que haya españoles que abominen de un genio militar y civilizador como Cortés aplicándoles criterios moralistas de la progresfera (como subraya Margallo, de haber sido francés lo votarían como el número 1 de su historia) o que se tergiverse simplificando y manipulando su vida y obra como es el caso de Lorca, asesinado por los franquistas pero del que la memoria democrática socialista oculta que fue cancelado en vida por los comunistas, que lo expulsaron de la dirección de la Barraca cuando se negó a que la instrumentalizarán ideológicamente.

Me temo quién será elegido como el mejor de la historia en el programa de RTVE, objetivamente la cosa está entre Isabel la Católica y Cervantes, pero habrá merecido la pena si sigue habiendo quien, como Margallo, pone en su sitio a comisarios políticos y aspirantes a chequistas historicistas en su misión de que España no tenga como iconos a los más grandes españoles sino a chiquilicuatres o, lo que es peor, versiones desleídas y simplificadas de quienes fueron complejos, profundos e intempestivos. Como la propia España.

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