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Enrique Navarro

¿Estamos preparados para regresar al servicio militar obligatorio?

Europa se prepara para regresar al servicio militar obligatorio. No sólo por lo que ocurre en Ucrania, sino por los retos que asume el mundo.

Europa se prepara para regresar al servicio militar obligatorio. No sólo por lo que ocurre en Ucrania, sino por los retos que asume el mundo.
Militares. | PGR

Cuando el pueblo francés decidió en 1789 convertirse en el constructor de su destino, la Revolución estaba amenazada de muerte por los que querían mantener el régimen absolutista de los anteriores miles de años. En esos momentos de peligro, el prestigioso científico Lazare Carnot, fue nombrado responsable de la Salvación de la República y el 23 de agosto de 1793 emitió la proclama de creación del Ejército de Francia, no de su presidente, sino de la nación. Todos los franceses quedaban en «requisición permanente» para servir en los ejércitos hasta la expulsión de todos los enemigos.

Cuando el Occidente arrogante disfrutaba viendo el colapso de la Unión Soviética y estaba ávido de tornar el rumbo a toda velocidad hacia el pacifismo ilusionante e ilusorio, liderado por los partidos conservadores, se decidió la finalización del servicio militar obligatorio en casi toda Europa. Existía el convencimiento de que las guerras eran cosas del pasado y que salvo alguna intervención militar en el Tercer Mundo, no existía riesgo alguno para nuestro desarrollado Estado de Bienestar. Podíamos desarmar a las sociedades occidentales, descansar en paz y educar a nuestros hijos en la cultura de que todo está a su alcance y que si no lo está, el gobierno se lo proveerá, y que vendrían los extranjeros a quitarnos de trabajar y pagar nuestras pensiones, sin percatarse de la colusión cultural, social y política a la que esta decisión nos abocaría.

Comenzó la reducción de los ejércitos europeos y solo España pasó de 300.000 efectivos de media a unos cien mil, y en consecuencia comenzó a contraerse la presencia en todo el territorio de las Fuerzas Armadas, con un fuerte contenido de satisfacción política en esta nueva reorganización territorial, matando varios pájaros de un tiro, otro craso error.

Debemos admitir que el Servicio Militar en España tampoco resultaba de gran utilidad para prepararnos ante una guerra, y más bien se conformó como un sistema de control social y de integración forzosa que dilapidaba años de juventud en muchos casos. Pero debemos admitir a la vista de la perspectiva histórica que el servicio militar construyó relaciones sociales que todavía perduran y un espíritu de compañerismo que resulta fundamental en todas las épocas, y mucho más en los tiempos de crisis.

Todo esto viene a relación de que Europa se prepara para regresar al servicio militar obligatorio, es inevitable a la vista ,no solo de lo que está ocurriendo en Ucrania, sino ante los retos a los que se dirige el mundo. La reducción del peso demográfico y económico de Europa avanza como una losa y nos hace cada vez más vulnerables. Los militares asalariados ya no serán suficientes para disuadir a los enemigos. Pero mucho más importante es que sin una conciencia de patriotismo, de defensa de unos valores, las guerras siempre se acaban perdiendo, y en este terreno estamos todavía peor.

Ucrania nos ha enseñado que ya podemos poner nuestras fábricas de armas a pleno rendimiento, invertir billones de euros en Defensa, pero al final está la persona que debe plantarse frente al enemigo cara a cara y vencerlo y es en este punto donde nos enfrentaremos a enemigos capaces de movilizar a millones de hombres para combatir y nosotros aspiramos a poner enfrente robots y drones.

Que Europa necesita rearmarse, es evidente. Que necesita incrementar sus efectivos, y esto solo es posible con una movilización obligatoria, es una realidad incómoda, pero real. Este reclutamiento será inútil si los jóvenes no tienen la motivación para defender su país, su familia, su historia. El problema es que algunos llevamos años diluyendo todos estos valores y conceptos y así difícilmente podremos conseguir una moral de victoria.

En cualquier caso y a pesar de las dificultades y de los obstáculos que menciono, estamos abocados a fortalecer nuestras Fuerzas Armadas con más hombres y mujeres, y esto debemos hacerlo con cada vez menos jóvenes y con menos incentivos para acudir a la llamada de la patria, ¿qué patria?, a todo esto. El llamamiento de Carnot de 1793 hoy hubiera sido un fracaso y veríamos la Europa de las banderas blancas en los balcones.

Pero, ¿habrá un gobierno en España dispuesto al coste político que supone un servicio militar obligatorio? Los padres nacidos en los setenta han podido llegar a edad adulta sin madurar, no están preparados para ver sufrir a sus hijos ni vivir con la desazón de su posible muerte en combate; los jóvenes no creen en los valores comunitarios y con tan escaso incentivo no se van a echar cuerpo a tierra frente al enemigo, y todo el cuerpo político se abalanzaría como una fiera sobre el gobierno que intentara semejante despropósito. Además, ante la gravedad de los hechos que tenemos enfrente, cuando tenemos a nuestros efectivos en las fronteras del este de Europa, ¿cabe pensar en un liderazgo tan esencial hoy en día, que se coge licencia por asuntos propios?

Pero todos estos hechos no eliminan por si solos la amenaza; algo tendremos que hacer, porque ahora ya no hay opción ni para la objeción de conciencia, la prioridad es evitar la amenaza y derrotarla. Necesitamos más efectivos y sobre todo demostrar el compromiso de la sociedad con la seguridad colectiva, es de esto de lo que se trata. El resto del mundo cree que esta falta conciencia es su mayor activo para derrotarnos.

Pero no se preocupen, les dirán que con dinero detendremos a Rusia, que no hará falta ir a combatir, que con el embargo les asfixiaremos, que seguramente Putin no quiere nada más que Ucrania y que no pasa nada por darle un país que apenas sabemos ocupar en el mapa. Si la cosa se tuerce, pues a lo mejor lo que propone Putin no es tan malo para nosotros, ya que cuando hemos alcanzado un alto nivel de confort en nuestras vidas, ¿quién no quiere conservarlo?, así que muera la libertad para que nada más cambie. Malos tiempos para Europa, que enterrará, si hace falta, a la Revolución Francesa para no salir a morir por ella.

Pero si no podemos acudir al reclutamiento forzoso, debemos mirar al mercado laboral y buscar una solución que pasa por incrementar los sueldos para que tengamos a los mejores jóvenes en nuestras filas y seamos capaces de atraer a más profesionales a las fuerzas armadas. Ya resulta perentorio e imperativo y hacia este lado debemos dirigir los mayores incrementos del presupuesto.

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